Análisis

Carmen Pérez

Finanzas de Occidente, finanzas de Oriente

Conviene no perderle el ojo a los asuntos que se están cociendo a nivel global porque con algunos podemos terminar escaldándonos. Como el desequilibrio económico y financiero de China. Este gigante asiático reaccionó a la crisis financiera del mundo occidental apuntándose al modelo de crecimiento a base de deuda, con el desarrollo de productos financieros derivados consecuente. Actualmente su sector bancario es uno de los mayores y su progresión ha ido aparejada a una gran expansión de la actividad bancaria en la sombra. Una evolución que recuerda demasiado a la que experimentó EEUU, con los activos tóxicos derivados de las hipotecassubprime, y en la que las cuentas externas de China no fueron ajenas. Entonces, las finanzas de Occidente afectaron al mundo; ahora son las de Oriente las que pueden provocar el mismo caos financiero.

El punto de arranque del proceso de sobreendeudamiento fue la puesta en marcha por parte de su gobierno de un ambicioso plan fiscal y de fuertes estímulos monetarios a partir de 2008: quería que, pese a la crisis, la economía siguiera creciendo a ratios elevados. Según los datos de un reciente informe sobre China del Banco de España, su deuda, en porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), pasó del 150% en 2008 hasta el 257% a finales de 2016. Sobre todo creció la deuda privada de las empresas no financieras, pero también la subida de la deuda de los hogares, por los préstamos para viviendas, ha sido espectacular en ese tiempo.

Esta expansión ha conllevado la proliferación paralela -fuera de la banca- de instrumentos financieros sobre los préstamos concedidos, y que se han distribuido masivamente a inversores minoristas y mayoristas. El nivel de créditos morosos oficialmente se cifra en el 5,3%, pero no faltan consultoras que lo elevan hasta el 25%. El aumento del tamaño, la complejidad y la interconexión entre el sector público, la banca regulada y la banca en la sombra han elevado de forma importante los riesgos financieros, lo que ha llevado a Moody's y Standard&Poor's a recortar la nota de su deuda soberana.

Y si estos riesgos latentes se materializaran se contagiarían más allá de sus fronteras. Se vería perjudicado el comercio internacional, descendería el precio de las materias primas y se afectarían el resto de sistemas financieros. En este sentido, esta misma semana, tanto Wolfang Schäuble, próximo presidente del Bundestag, como Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, han advertido de la posibilidad de una crisis financiera global causada por la rápida expansión del crédito en China.

El Gobierno chino está adoptando medidas de todo tipo para controlar sus desequilibrios tanto económicos como financieros. Pero está por ver si está a tiempo. Y está por ver cómo encajamos las economías occidentales los efectos de sus problemas, porque impactarán en unas economías endeudadas hasta las cejas, con los balances de los bancos aún sin limpiar del todo, con las armas que proporciona la política monetaria agotadas y con nuevas burbujas derivadas de los exuberantes estímulos monetarios. Occidente y Oriente avanzando a golpe de finanzas: también está por ver cuándo todo esto estalla.

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