Análisis

gumersindo ruiz

Frente a los deberes, la aventura del conocimiento

Como ocurre con casi todo, sobre los deberes escolares se plantean diversas opiniones. Asociaciones importantes de padres, madres y tutores, discrepan entre ellas, y mientras unas encuentran las tareas imprescindibles para no perder el hábito de trabajo durante las larguísimas vacaciones, otros las ven como una carga innecesaria para sus hijos y para ellos, o un gasto inútil en los libros de actividades. El motivo principal para el rechazo de las tareas es el cansancio que produce no tanto a los niños como a sus padres, pues a nadie le gusta ocuparse de esta parte de la educación que se considera responsabilidad de la escuela. Peor todavía es tener que enfrentarse a recuperaciones que resultan de fracasos escolares; esto sí que es una situación a la que no habría que llegar, porque si hay algo que supera a la cultura del esfuerzo es hacer las cosas con el menor esfuerzo posible, creando hábitos de trabajo en los niños, de manera que no sea un suplicio que hagan los deberes, sino algo habitual. No hay mejor receta para el éxito escolar que seguir rutinas inculcadas desde muy pequeños, prácticamente desde los dos años, cuando se consigue fijar la atención sobre una tarea. En los informes PISA sobre calidad educativa se encuentra correlación entre conocimientos y atención al estudio en el entorno familiar, aunque en ámbitos precarios la responsabilidad no siempre es de los padres.

No tenemos para el aburrido verano de muchos niños espacios apropiados donde se combine juego y conocimiento. Además del deporte, las actividades que deben servir de referencia son lectura, cálculo, manualidades y representación. Dentro de las paradojas de este mundo nuestro, Irán ha abierto la biblioteca y centro cultural más grande del mundo, con una parte orientada a los niños; el Teherán Book Garden ocupa 110.000 metros cuadrados de bibliotecas, librerías, galerías y teatros. En un país donde la censura forma parte de la vida cotidiana este alarde cultural no deja resultar extraño, pero detrás se encuentra sin duda que las niñas puedan tener mejores oportunidades académicas. La semana pasada casi todos los periódicos de Teherán publicaban con orgullo en portada la foto, con la cabeza descubierta, de Maryam Mirzakhani, fallecida de cáncer a los 40 años y uno de los matemáticos más brillantes del mundo; la única mujer que ha conseguido la Fields Medal, equivalente al Nobel de matemáticas. Formada en Irán hasta los 23 años, en colegios para niñas muy inteligentes, desarrollaba su actividad en Estados Unidos, como tantos iraníes que hacen sus estudios de postgrado fuera.

Qué mundo éste tan extraño en que vivimos, donde hay países en los que a la vez se censura y se estimula la cultura, se discrimina contra la mujer y se le dan oportunidades para que triunfe internacionalmente; y otros como el nuestro, de libertades formales casi absolutas, donde los padres y madres abominan de las tareas de verano, y donde no hay, ni aparecen en el lenguaje político, centros de cultura bien dotados para que niñas y niños puedan vivir la aventura prodigiosa de descubrir su potencial creativo y conseguir conocimiento.

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