Análisis

Javier González-Cotta

¡Gensanta!

De madrugada, por el boletín de no sé bien qué hora, escuché por la radio que Forges había muerto. Uno siempre anda durmiendo a trechos, con el pinganillo de la radio puesto en la oreja por aquello de llevarle la contraria al otorrino. Forges acababa de fallecer. El primer homenaje salió espontáneo: ¡Gensanta, Forges!

Estas palabrejas divertidas (gensanta, bocata, muslamen, tontolculo, etcétera) se crearon en la fábrica forgiana. Fueron sus famosos forgendros. Algunos entraron -si bien injustificadamente tarde- en el diccionario de la RAE. El caso es que aquel Virgen Santa de estupor, el resumido y genial Gensanta de Forges, puso su humor sobre la negra pez: la noche, la muerte.

No hay día sin su paradoja. Siempre hemos leído la viñeta de Forges por la mañana temprano. El día no clareaba del todo sin una sonrisa. Pero su última viñeta, la viñeta del tiempo, la hemos conocido por la noche. Porque, entre el impacto de la noticia, se nos escapó sin querer uno de sus forgendros.

Ya se ha dicho todo sobre la obra gráfica de Forges y la España que retrató. Del franquismo a la Transición y, también, la otra transición mental del siglo XX al XXI. A Forges no se le puede entender como pieza separada, aquí el dibujo y allá el lenguaje. Lo uno no se entiende sin lo otro.

Como Mingote, el otro grande ya ido, se nos van yendo los que muchos consideramos que son los hombres del tiempo. Quiero decir los que siempre nos han acompañado en el tiempo. Forges reflejó la actualidad política y viró a veces hacia el compromiso militante (a veces tuvo recaídas de progre añejo, cierto es). En opinión personal, siempre me gustó más el Forges que se reía de nuestra rutina nacional, ya fuera en el trabajo, en la vida en pareja, en la visita al matasanos, en una sala de audiencias, en pleno veraneo cañí, etc. Nos hemos reído de lo que acontecía ahí fuera. Y eso de ahí fuera éramos también nosotros. Siempre hemos sido un poco Romerales y un poco Mariví, personajes ambos de Forges. Descanse en paz y descansemos nosotros si puede ser, los huérfanos.

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