Análisis

francisco andrés gallardo

Masterchef

El público se relame con estos cocineros. Es una pandilla ruidosa, llena de rostros llamativos. Un personal al que le cuesta pasar desapercibido, compensado por otras caras populares, o no tanto, más discretas y hacendosas. El casting de Masterchef Celebrity 3 es de lo más completo y divertido. Otro asunto es si estamos ante un programa idóneo para una cadena pública o si es necesario cubrir cuatro horas nocturnas con esta olla a presión. A fin de cuentas el formato, tal como lo conocemos, es la decisión de unos señores que por ahora tienen poco que decidir.

Mientras, disfrutemos de la temporada y de los concursantes llamados a liarla entre las perolas (en la primera noche quedó eliminada la concursante más malajosa). Habrá quien se sorprenda con la dosis de sentido común de Mario Vaquerizo (la persona se pelea aquí con su propio personaje) o los amplios egos de Antonia, Lomana o Boris, incapaz de callarse más allá de dos minutos. Hay quienes en principio han decepcionado, como Iván Massagué, al que se le supone que por su experiencia en Canal Cocina debe estar llamado a mostrar su olfato, y otros que se encaminan a reafirmar su afán de superación como Óscar Higares. En medio de esta cena es comprensible que queden merendados participantes de complemento como Ona Carbonell o Xuso Jones.

La primera noche fue demasiado aparatosa, con exceso de nervios y conversaciones cruzadas que complicaban el seguimiento. El jurado, que suele ser más estirado en las primeras entregas, cedió manga ancha ante este aluvión de carismas. La temporada va a ser entretenida, e intensa a medida de que se acorten los aspirantes más destacados. Por audiencia, está siendo lo más visto empatado con el sabroso The Good Doctor. De nuevo hay que insistir. Si durara menos las cifras de Masterchef & Mario serían estratosféricas.

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