DIEZ NEGRITAS

Matar a Felipe... los ruidos de la vieja normalidad

Las diez negritas.

Las diez negritas. / M. G.

La bronca en la sesión de control del Parlamento andaluz funcionó sin sorpresas: una provocación para desatar una zapatiesta y que la presidenta Marta Bosquet perdiera el control mientras se imponía el ruido. Nieto, un parlamentario nada inexperto, volvió a la escuela castiza de Mario Jiménez en ese salón de plenos, aunque la paternidad corresponda a los viejos jabalíes o reventadores de San Jerónimo, para hacer algo que siempre han hecho y hacen los portavoces de los partidos gobernantes, y si no pregunten a Lastra o Echenique: tirar de excesos para desviar los focos, en este caso a propósito de una planta de reciclaje en Estepa para definir el "modelo socialista" como "esconder debajo de la alfombra la basura y llevárselo calentito".

–"¡A un señor que tiene relaciones con la Púnica no le vamos a consentir…"– clamaba Sánchez Haro, que no sólo habla como un personaje de Echegaray, sino que puede parecer un personaje de Echegaray.

–¡Silencio, silencio!

–"Cálmense, hombre"– ironizaba inmisericorde el incitador–. "Tienen ustedes la piel muy fina para lo que insultan".

–¡¡¡Señorías, silencio!!! Como no se tranquilicen ustedes, paralizo...

...Y a todo esto el presidente sonreía al comprobar que todo iba bien, porque el ataque de Nieto al "modelo socialista" había deparado el escenario perfecto para no responder a las preguntas de la secretaria del PSOE. Otro clásico. Tal como Sánchez no responde asuntos incómodos a su rival y se parapeta en "si elige la unidad, aquí está el Gobierno; si no, ahí tiene a la ultraderecha"; Juanma Moreno también lo elude preguntándole al PSOE por qué no apoya la reclamación andaluza de una financiación justa. Todo de Manual.

Moreno había dejado otro señuelo hábil: reprochar a Susana Díaz que no defendiera a Felipe González, acosado por Podemos. A la salida, se le preguntó precisamente por eso y ella trató de cumplir: "Tengo un respeto profundo, reconocimiento y cariño público y notorio, todo el mundo sabe lo que quiero a Felipe González, a veces estoy de acuerdo y a veces no y lo he sufrido en mis carnes". Más allá de ese "a veces no", para matizar la adhesión, evitó proclamar todo lo que ella le debía y tiró de currículum para ponerlo en valor: "Es el padre de la sanidad y la educación pública en España y es lógico que tengamos todos reconocimiento y respeto a sus opiniones aunque a veces discrepemos", con ese "aunque" que, como todo pero, rebajaba la cosa. La respuesta desde luego retrata que no va a arriesgar su ambición por mantenerse en el machito bendecida desde Ferraz, y de ahí el cálculo medidísimo del límite de su apoyo a Felipe: cumplir sin exponer su adhesión prioritaria que ahora es la adhesión sanchista.

Hay algo revelador: en su Twitter, donde ella proyecta la agenda susanista, silenció el asunto. Lambán, como otros, no se tapó: "La dimensión de Felipe González hace mucho que trascendió su condición de afiliado del PSOE. Es ya reconocido como el estadista español más importante del siglo XX; el político español más reconocido en el mundo actual. Nunca renunciaré ni a su amistad ni a su magisterio". Eso es un mensaje claro. O el alcalde de Mérida que reprochaba a Odón Elorza compararlo con Pujol o Rato: "Me da vergüenza pertenecer al mismo partido que tú". Susana Díaz más bien trató de modular sus expresiones para apoyarlo evitando el reproche de no apoyarlo pero sin arriesgarse al reproche de apoyarlo alineándose con él. Lo suficiente, en definitiva, para alejar los focos de ella. Y lo consiguió. Esta semana, por demás, los focos ya caían a plomo sobre Teresa Rodríguez por las estatuas de Colón. En la política espectáculo, en fin, una carajotada tiene más posibilidades de marcar agenda que el retorno a las aulas o la financiación.

Teresa Rodríguez puso mucho énfasis en sostener que no había dicho lo que todos la habían oído decir. Eso es un problema, aun parafraseando a Groucho: "¿A quién van a creer ustedes… a mí o a sus propios oídos?". El vídeo de televisión la delataba. Probablemente no hubiera querido decir eso, y sólo trataba de evitar una confrontación con la fraternidad de Ada Colau en Barcelona, que andaban enredada con el derribo de la estatua de Colón, pero lo dijo. El problema para la líder de AA es que la empanada histórica del nacionalismo en Cataluña, donde han elevado los mitos de cualquier Historia Oficial al delirio de la pura Ficción, no son trasladables a Andalucía. Estigmatizar el hito de Colón puede tener cierta lógica en otros lugares, pero aquí es ridículo. Y vaya usted con los derribos a Huelva, donde el monumento de 37m a la Fe Descubridora donado en 1929 por la Fundación Colón desde EEUU –vaya ironía– es parte de su paisaje.

A todo esto, sin más, ya hay sucesora en Podemos: Martina Velarde, básicamente con el mismo resultado que Rodríguez en su momento, aunque ya con la mitad de masa crítica, para colocar el partido bajo dictado directo de Pablo Iglesias. La izquierda sigue implosionando con un futuro incierto. Y entretanto la semana concluía con otra rueda de prensa más o menos narcoléptica desde San Telmo para divulgar las 400 medidas de la nueva normalidad, como los golpes de Truffaut, mientras algunos de los asuntos de mayor enjundia ya habían quedado atrás amortizados a beneficio de inventario. Así va esto, con el Parlamento recuperado para la Vieja Normalidad.

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