Análisis

francisco andrés gallardo

Màxim

Todo nuevo responsable se merece 100 días de confianza. También Màxim Huerta, una estridencia desconcertante en un gobierno con algunos perfiles tan firmes. El novelista puede presentar una trayectoria mediática lucida y popular pero un dudoso bagaje en gestión. En el gremio insisten en resaltar que es "una buena persona", una cualidad que habría que exigir de serie para un líder. Lo de la bondad parece compensar las evidentes carencias e incertidumbres de un avispado polemista y árbitro dialéctico con cintura, que igual ha manejado la carne de reality como la actualidad de primera fila. Llegaba al plató tras años de infantería en la redacción, que dan lo suyo en experiencia y contactos.

Al nuevo ministro se le va la fuerza por la boca, por su boca virtual en una colección de tuits donde se muestra transparente y osado, una actitud sin tapujos cuando no crees que en la vida te puede tocar una responsabilidad tan vertiginosa como un ministerio. Una cartera que lleva aparejado a deportistas y a toreros que no habían solido tener hasta ahora el aprecio sincero del valenciano.

Los cargos los carga el diablo, recordaba la madre de la viñeta de Forges compartida por otro ministro recién aterrizado como el astronauta Duque. También el diablo parece cargar los tuits impertinentes, de los que Huerta se arrepiente. Que no cunda la indignación y, por su empaque, no vayamos a compararle ya con el racista reconcentrado de Torra, instigador de malas vibraciones.

Màxim, a la sombra de Ana Rosa durante un decenio, era un rostro complementario y solvente del matinal de Telecinco, pero por sí mismo no tuvo nunca un respaldo multitudinario de la audiencia, como se confirmó con esa pobre serie de Destinos de cine en la medianoche de La 1, tan floja, sin una pizca de sorpresa didáctica. La credencial más notable de Maxim ha sido su irregular trayectoria literaria. Perdimos un rostro televisivo de mitad de la tabla. Tenemos a un escritor del montón y ojalá hayamos ganado un ministro brillante ¿no?

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