Análisis

Juan Ruesga Navarro

"Miran... pero no compran"

Cuando hablas con algún comerciante y preguntas por las ventas con el auge del turismo, suelen contestar: "Miran... pero no compran". Los turistas pasean. Miran. Seleccionan algún recuerdo que quepa en la pequeña maleta y que no sea metálico. Algo comprado en las tiendas del aeropuerto. Las compañías aéreas de bajo coste han creado una nueva manera de viajar. En sólo diez kilos de peso y unas dimensiones reducidas hay que acomodar todo. Una pequeña mochila o bolso para los documentos y los aparatos electrónicos que hay que mostrar en seguridad. Ningún equipaje de dimensiones amplias en el que se puedan transportar recuerdos u objetos del país visitado. Pasear, comer, algún recuerdo pequeño y fotos. Y acumular experiencias personales de las que cada uno disfrute: conciertos, museos, festivales o visitas a monumentos. ¿Y si alguna cosa te agrada? Pues tomas nota de la referencia y la compras on line al llegar a tu casa. El precio es el mismo o mejor que en el comercio visitado. Y no tarda más de dos días. Y si eres cliente habitual, veinticuatro horas. Y esto incluye artesanía y obras de arte o ropa singular, que se distribuyen con éxito a través de mayoristas de la venta por internet. No es mi caso, que viajo con algo más de equipaje, pero me estoy adaptando. Antes viajaba con muchos libros y voluminosos catálogos de exposiciones visitadas. Hoy tomo la referencia y los compro por la red, que, como he dicho, son hasta más baratos que en la tienda del museo.

No es la primera vez que los viajes modifican los hábitos e incluso el arte. Muchos de los cuadros de Canaletto y Guardi que observamos en las colecciones privadas y museos de Inglaterra son de reducidas dimensiones para caber en el fondo de los equipajes de los jóvenes aristócratas británicos del siglo XVIII que hacían el Grand Tour. De igual manera, nuestros pintores costumbristas (Domínguez Bécquer, Cabral Bejarano, etcétera) adaptaron los formatos de sus obras al tamaño de los equipajes de los compradores de finales del XIX, que llegaban a Sevilla en tren. Un metro de largo y sesenta centímetros de fondo medía aproximadamente el primer baúl Trianón de Louis Vuitton fabricado en 1879 y que es el origen de la hegemonía de la gran marca, que después lanzó nuevos modelos para los camarotes de los modernos transatlánticos y para los aviones. El tipo de viaje y el medio de transporte han hecho cambiar siempre los equipajes y los hábitos de los viajeros y turistas. Y naturalmente la vestimenta. En las redes nos enseñan cómo hacer un equipaje para que quepa todo lo que necesitamos en 55 por 40 y 20 centímetros de fondo. El primer paso es convencernos de que necesitamos muy pocas cosas. En invierno es más difícil. ¿Han visto las habitaciones de los nuevos hoteles para ejecutivos de maleta pequeña y ordenador portátil? No hay armario, sólo perchas y algún cajón. No hay teléfono, claro. Pocos enchufes, pero sí puertos USB para cargar nuestros dispositivos. Un cuarto de baño moderno con ducha grande y gustosa. Y una cama amplia. Del mundo en un baúl hemos pasado a la vida en una pequeña maleta.

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