El prestigioso letrista de música pop Juan Mari Montes imploraba a los directivos de TVE en una tribuna de El País que considerasen la posibilidad de emitir Un país para escucharlo en La 1 y, acaso, Operación Triunfo, en La 2. ¿No será mejor ubicar el original que la copia en la cadena generalista?, argumentaba.

No dudo de la buena voluntad de Montes a la hora de lanzar esta propuesta, pero me da la impresión que aquello a lo que apunta no es más que una gota en el océano, y que afecta no sólo a los programas musicales sino a toda la programación de los dos canales a los que alude.

Basta recordar el último formato que los programadores de La 1 osaron ubicar en su parrilla, teniendo ADN de La 2: Proyecto Arkano. El resultado fue contundente. Un 1% de audiencia. La invisibilidad total. El medio millón de espectadores que sigue Un país para escucharlo en La 2 que a Juan Mari Montes puede parecer insignificante, es el que es. NO puede ser más. Una audiencia fiel, que tiene un techo, y cuyos programas no van a ganar a ningún espectador más por pasarlos a La 1. Sucedería de esa manera con los formatos excelsos, y algunos de ellos veteranos y bien conocidos, Escala humana, Detrás del instante, Metrópolis, Página 2, Atención obras o Días de cine.

El problema de La 1 es estructural, y devino cuando en 1990, al llegar las privadas, trató de competir con ellas. Treinta años después, anda tercera en el ranking, desmoralizada y perdida. Siguiendo el argumento de Juan Mari Montes, si nos atenemos a lo que debe esperarse de una televisión pública, lo que debería ser una buena televisión pública, toda la programación de La 2 debería emitirse en La 1.

La del primer canal de TVE no es más que una parrilla comercial, cuyo prime time hay que cubrir con mucho cine americano porque faltan formatos para llenar las siete noches de la semana.

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