Análisis

Pascual González

Orgía fantástica

La gran danza fantástica de Turina llega a mi oído jugando con sus notas entre naranjos y fuentes

Sevilla queda y silenciosa en una cuaresma hipnotizada ante la rabia de lo inesperado, me abre sus calles para caminar sobre ella y a veces, suspirarla "sola", como dijera Machado, "sin sevillanos". Sevilla, la vieja Híspalis a la que desde tiempos muy remotos todos hicieron universal. A la que Estrabón encomiaba por su grandeza y Plinio nombró Colonia Romulense. A la que Ptolomeo denominó Metrópoli y Ausonio la anteponía a todas las urbes hispánicas. Una "Roma pequeña", como cantó Claudiano, que parió Césares para un Imperio y que, una vez más, me fascina y hechiza con su extraordinaria belleza.

La Orgía, la gran danza fantástica del insigne músico Joaquín Turina, llega a mi oído jugando con sus notas entre naranjos y fuentes, corriendo como el viento por Placentines, girando alrededor de mis pasos, cantando siglos de una ciudad, hermosa de grandeza ejemplo. Una ciudad que acecha largos ritmos y los enrosca como laberintos, como Lorca la piropea en sus poemas. Sevilla para herir, siempre Sevilla para herir.

Y sobre esta extraordinaria y exclusiva zarabanda, aparecen y desaparecen -vertiginosos cual la propia escritura del pentagrama- espectros fantásticos y ficticios, duendes inmortales y eternos que vocean entrecruzando frases, mancebos y sirvientes romanos, emperadores, emires y sultanas, guerreros, Rinconetes y Monipodios, poetas, gitanillas, trovadores, lazarillos, caballeros y espadachines, Fígaros y Donjuanes, cigarreras y alabarderos, migueletes y Tempranillos.

Sevilla es espontánea como la chispa de su gente, un "no sé qué" que tiene magia; mágica como su primavera que hace brotar la fantasía; fantástica como su aura, que tienta y provoca, que seduce; seductora como el aroma romántico de sus calles por las que sigo este paseo de proverbios y cantares, entre los que Santa Teresa sentenció: "Sevilla es un lugar tan lleno de encantos que hasta el demonio tiene más mano para tentar".

Tiéntame de nuevo, Sevilla, trono donde la hermosura muestra su realeza. Provócame Sevilla con tu palio azul de cielo para la Tierra de María Santísima. Hiéreme, como siempre, amorosa ciudad que encima de una torre, llevas puesto: Sevilla.

Sevilla para herir, Sevilla para soñar, Sevilla para morir.

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