No corren buenos tiempos para el PP en España. Eso hay que tenerlo en cuenta, porque es una realidad general que condiciona. En unas elecciones municipales lo más importante es el candidato. Pero soplan vientos a favor, o en contra, que deciden miles de votos. Por ejemplo, en 2011 a Zoido le benefició la situación española (con un Rajoy en horas altas) para alcanzar los 20 ediles. Por ejemplo, en 2015 a Zoido le perjudicó la situación española (con un Rajoy en horas bajas por la crisis y la corrupción), por lo que se quedó con 12 ediles y perdió la mayoría absoluta. En las encuestas nacionales, Ciudadanos está cerca de superar al PP. Y en algunas de Sevilla también, como ya se ha comentado.

Hay otro aspecto a tener en cuenta. El PP es fuerte cuando triunfa en Madrid, Valencia y Sevilla. En sus mejores momentos consiguió las tres alcaldías. Si pierde las tres se le pueden vaticinar malos tiempos, ya que apenas le quedaría Málaga, y no se sabe si Zaragoza, entre las principales ciudades de España. Con el agravante de que Ciudadanos, que le pelea el mismo espacio electoral, parece el favorito para la Alcaldía de Valencia, con opciones en Madrid. Y puede alcanzar la segunda plaza en Sevilla, relegando al PP a un tercer puesto que sería un fracaso estrepitoso.

En ese peligroso escenario deben presentar las candidaturas. Aunque vino Rajoy (y no lo respaldó abiertamente), algunos no disimulan y le mueven la silla a Beltrán Pérez. Las últimas encuestas publicadas, igual que otras filtradas, son como patadas en las espinillas al portavoz del PP. En la valoración aparece suspendido, y por detrás de Juan Espadas y de Javier Millán, que aprueban. Con esos datos se está insinuando que no provoca entusiasmos, y que es un candidato para perder las elecciones, con el riesgo de que los electores lo entiendan así de antemano y el fracaso sea más grave de lo esperado.

Detrás, como telón de fondo, están las luchas internas del PP sevillano. En esta ciudad (y eso lo entendieron tarde en el PA) las divisiones de los partidos son penalizadas en las urnas. Cuando pelean dos facciones no gana ninguna. Por eso, la primera tarea del PP debería ser nombrar ya al candidato y apoyarlo sin fisuras, olvidando las vendettas aún recientes.

En las actuales condiciones, parece una quimera. Beltrán Pérez está en el alambre y con el enemigo en casa. El PP lo tiene más difícil todavía con su falsa unidad.

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