Próximo frente de batalla: la financiación

El Gobierno andaluz necesita recuperar el tono presidencial y consensuar una mayoría parlamentaria que sume al PSOE para reformar el reparto del dinero

El consejero de Presidencia, Elías Bendodo, le indica al consejero de Hacienda, Juan Bravo, en San Telmo. El consejero de Presidencia, Elías Bendodo, le indica al consejero de Hacienda, Juan Bravo, en San Telmo.

El consejero de Presidencia, Elías Bendodo, le indica al consejero de Hacienda, Juan Bravo, en San Telmo. / J. Muñoz / Efe

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Esta semana Borrell admitía que "Andalucía está peor financiada que Cataluña", a pesar del victimismo vocinglero de los nacionalistas. Es más, añadía, "es urgente abordar la reforma del sistema de financiación autonómica". Es una urgencia con trienios. Y es, de hecho, un objetivo clave para Andalucía. De momento el Gobierno Sánchez no ha emitido señales reformistas más allá de cierta retórica hueca. Y hay algo inquietante: su obsesión es Cataluña. Ahí están las presidencias del Congreso y Senado, o el propio Borrell, número uno en Europa. Con ese planteamiento, ¿de verdad cabe esperar una reforma que no contente a Cataluña y sí a las comunidades más perjudicadas como Andalucía, donde ahora gobiernan PP y Cs con Vox? La Junta necesita una estrategia. Claro que el presidente tendrá que abandonar el tono de campaña (las declaraciones de Moreno Bonilla sobre el saludo de Sánchez y Junqueras, prestándose al juego de las insidias, son impropias de su cargo) y recuperar un tono presidencial, no de cara a la galería, sino de cara a mejorar Andalucía. Consensuar una mayoría parlamentaria con músculo pasa por sumar al PSOE, y eso no ocurrirá mientras la obsesión sea seguir levantando alfombras. A corto plazo no va a ocurrir. De momento se les ve más persuadidos de la rentabilidad de la vergüenza retrospectiva levantando alfombras que de su capacidad de gestión.El PP, por supuesto, va a reclamar a Sánchez esa financiación con la misma beligerancia con que lo hacía el PSOE con Rajoy. Y seguramente con el mismo éxito: ninguno. Esto no se resuelve yendo a Hacienda con el puñal entre los dientes, como cimarrones institucionales, sino con presión política. Sumar a Susana Díaz es clave, aunque la debilidad interna de ésta requiere algo más que sutileza. Los dirigentes del PP en todo caso pueden disfrazarse de marinaledos, exigiendo hasta el último euro en nombre de la dignidad andaluza blablablá… o pueden actuar con inteligencia.

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El tono de la Junta, sí, de momento descuida la dignidad institucional. Y hay dos protagonistas particularmente palabreros: Imbroda y Aguirre. O al revés, que tanto monta, monta tanto. Aguirre se estrenó con aquello de "en tres días ya teníamos montado el staff de la Consejería, todos amigos míos". Eso antes se denominaba nepotismo. Ahora uno de sus amigos, el director general de Asistencia Sanitaria, está bajo sospecha por haber ordenado a los hospitales del SAS comprar un medicamento que él mismo patrocinaba, hasta llegar al cargo, como director médico del laboratorio Techdow. Eso nunca se ha llamado regeneración.Entretanto Imbroda, mientras declara el estado de "emergencia educativa", compara las caracolas de un centro educativo con "barracones de Afganistán" o "la España de los años 40. De donde se deduce: 1) que no sabe de lo que habla y 2) que vive en una burbuja. La comparación con los años 40 no es ofensiva; es ridícula. Vaya por delante que las caracolas o aulas prefabricadas, aunque dotadas de aire acondicionado y otras comodidades, deberían desmantelarse. Va de suyo. Pero no se trata del atraso andaluz, nivel años 40, como pretende sugerir. De Mallorca a Galicia, hay por doquier, y no sólo en España; en Cataluña, hay cerca de un centenar de colegios enteramente prefabricados; en Madrid, modelo para la derecha, se está llevando a cabo la fase final este curso; y así comunidad tras comunidad, incluso en Castilla y León, que por cierto lidera la clasificación PISA. Por cierto, los barracones de Afganistán, de la empresa italiana Corimec, son de calidad muy apreciable.Imbroda debería dejar de actuar ante la Educación andaluza como Ana la Pija Mato ; y recordar que es el consejero. Y que después de los 100 Días del Cambio Glorioso, las responsabilidades empiezan a ser suyas. No escandaliza tanto saber que hay caracolas, que es algo sobradamente sabido, sino ver a un consejero recurriendo a tópicos de brocha gorda en lugar de presentar el plan para su erradicación. Tal vez Imbroda calculase que esto desviaría los focos del fracaso de su plan de refuerzo estival. Puede ser. Pero llevar la milonga de "hemos hecho más en 100 días que los socialistas en 37 años" a "hemos cogido Andalucía en los años 40 y vamos a ponerla en el siglo XXI" acaba, definitivamente, en el ridículo.

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Las campañas, como los divorcios, pueden sacar el lado oscuro de la condición humana. Inés Arrimadas ha dicho estos días: "Fui feliz viendo la cara de Susana Díaz el 2 de diciembre". Se hubiera entendido que dijera "fui feliz viendo los resultados del escrutinio del 2-D" o "fui feliz viendo las caras de mis compañeros al lograr el cambio aquel 2-D". Claro que sí. Pero ser feliz viendo la cara de la derrota tiene un punto miserable. Claro que el problema para Susana Díaz no es que sus rivales conserven un alto grado de rencor, sino que exista dentro de su propio partido. El sanchismo sigue completando la tarea de desmantelar el susanismo: excluida de la Ejecutiva, excluida del Gobierno, excluida del Congreso….Y el plan del sanchismo ya tiene próxima estación: las diputaciones. Ella creyó que se podía refugiar en el Sur, para mantener un virreinato, pero no será así. Donde haya poder, quedará fuera. Todo para el César. A falta de calendario orgánico donde liquidarla por la vía rápida, se actúa por erosión. Cuando el susanismo no reparta poder, no quedará susanismo. Las fidelidades en política no son gratuitas. Tal vez a Susana Díaz sólo le quede la apuesta de Sánchez por Cataluña, que puede provocar el descontento en el resto de España. Y difícilmente podrán callar los barones más afectados, caso de Valencia o Andalucía. En ese caso, quizá a Sánchez no le interese tener conflictos internos en la retaguardia, y prefiera temporalmente un pacto tácito de no agresión. Pero eso no encaja en su estilo vendettiero, aunque resulte tentador tenerla débil pero no muerta. Entretanto el PP estará al otro lado recordándole a Susana Díaz que ella siempre dijo, y sobre todo a propósito de la financiación, que antes Andalucía que el partido. Y pensar que en otro tiempo a Susana Díaz se le llamaba Khaleesi...

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