Análisis

Roberto Pareja

De la desobediencia feroz a la microdesobediencia feraz

Aragonès, eventual hombre fuerte de la Generalitat, promete diálogo y maneras menos toscas que Torra aunque comparta sus radicales planteamientos

Pere Aragonès y Quim Torra, en el Parlamento catalán. Pere Aragonès y Quim Torra, en el Parlamento catalán.

Pere Aragonès y Quim Torra, en el Parlamento catalán. / Quique García / efe

Andaban de gresca en gresca con la vista puesta en las nunca inminentes elecciones autonómicas, pero Junts per Catalunya (JxCat) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) han establecido una excepcional paz preelectoral ante la inhabilitación de Quim Torra como presidente de la Generalitat y han cerrado filas en torno a su pseudo recambio, Pere Aragonès, que seguirá gobernando en funciones hasta los comicios, presuntamente en febrero.

Se niega a aceptar el título de president. "Hasta que el Parlament no lo designe no hay", viene repitiendo estos días para no herir susceptibilidades a su compañero de viaje a ninguna (buena) parte que les marca su invariable hoja de ruta: hacia la independencia mediante un poco de diálogo y otro mucho de confrontación.  

El lugarteniente de Oriol Junqueras, al que relevó como vicepresident tras su encarcelamiento, fue ungido como hombre fuerte de ERC en una reunión en Estremera en 2018, donde el líder caído en desgracia penal cumplía prisión preventiva desde noviembre de 2017 a la espera de ser juzgado por la convocatoria del referéndum ilegal del 1 de octubre del año anterior y la ulterior declaración de independencia.

Ahora salta al primer plano tras dos años a la sombra de Torra y el relevo se va a notar a todos los niveles. Para empezar por el de decibelios. Aragonès es mucho menos atrabiliario y más discreto. Por gran ejemplo, no  va a dedicarse a incendiar las redes sociales a golpe de tuit como hacía el defenestrado jefe del Govern.

Orden y pragmatismo

Aragonès se define como "una persona de orden" en la autobiografía que acaba de publicar. Es el mascarón de proa de una formación como ERC, secularmente intransigente y radical en sus postulados independentistas, aunque está virando hacia un pragmatismo efectivo, en contraste con la actitud mucho más montaraz de sus socios de gobierno y enemigos electorales, que bajo la batuta del ex president prófugo Carles Puigdemont se están echando cada día un poco mas monte arriba.

Asume funciones limitadas. Ni puede convocar elecciones ni nombrar ni cesar consejeros ni promover leyes. Ni siquiera se va a instalar en el Palau de la Generalitat y las malas lenguas aseguran que Torra le ha prohibido que use su despacho y que ni se le ocurra dar el discurso presidencial de Navidad. Está por ver si participa en la próxima conferencia de presidentes autonómicos que ha convocado este mes Pedro Sánchez. La administración catalana post Torra únicamente podrá gestionar el día a día a base de reales decretos.

Aragonès procede de una familia de empresarios del sector textil y hotelero. Su padre fue concejal independiente de CiU y su abuelo fue alcalde de un pueblo de Barcelona durante el franquismo, que cobró cierta fama por levantar en 1963 el Taurus Park, el hotel más grande de España en aquella época. 

Trabajador y brillante

Dicen que trabaja a destajo. "Los codos de Aragonès son de los que echaron raíces en las mesas de estudio", cuenta un compañero de bancada de la época según recogen medios catalanes. Precoz diputado con sólo 24 años, en 2006, repitió en 2010 y 2012. Ese año fue uno de los tres muñidores del pacto entre CiU y ERC que le dio la presidencia a Artur Mas. La buena estrella de Aragonès empezaba a brillar en los conciliábulos políticos con ese punto de calma que le caracteriza, siempre con los pies en el suelo, combinado con su independentismo irredento de rompe y rasga de siempre.

Se puede decir (metafórica y groseramente) que Aragonès es el  mismo perro que Torra perro con distinto collar. Y que ladra mucho menos. En su libro autobiográfico (El independentismo pragmàtico, editorial Pórtic, defiende la confrontación y las “microdesobediencias” para alcanzar la autodeterminación: “Convendrá una estrategia de enfrentamiento, de confrontación, de tensión”. “Se producirán otras situaciones que nos permitirán desacreditar al Estado con microdesobediencias”, barrunta Aragonès.

En la mesa bilateral entre la Generalitat y Moncloa (la gran apuesta de ERC, en la que Aragonès disfruta del foco mediático como integrante de la delegación de Esquerra, y que se muestra mucho más colaborativa que JxCat), el president interino apuesta por que el diálogo con el Gobierno del PSOE siga  la misma lógica que una negociación sindical, en la que “hay acciones por la parte sindical y por la parte patronal que intentan condicionar el resultado”.

Torra aprovechó una visita el martes a los dirigentes presos por el procés en la cárcel de Lledoners para cargar contra la mesa de diálogo con el Gobierno. “Pese a todo lo que nos pasa, estamos en esta mesa de negociación, pero para hablar de autodeterminación y amnistía. Queremos verlo por escrito. Ya basta de fotos y reuniones inútiles en que se quiere escenificar un presunto diálogo”, dijo .

Desconfianza y maridaje

La desconfianza marca las relaciones de los dos socios de maridaje secesionista y las elecciones de febrero la alimentará. ERC y JxCat han pactado una política de “silla vacía” para “visibilizar la represión”. Así, Aragonès no se sentará, por ejemplo, en el asiento que ocupaba su antecesor en la mesa donde se celebra cada martes la reunión semanal del Govern.

Aragonès asume el relevo de un periodo de transición que debería concluir el próximo 7 de febrero con las catalanas. De por medio, además de los avatares de la mesa bilateral con Moncloa, la negociación de los Presupuestos, en la que ERC se muestra mucho más proclive que JxCat a entenderse con el Gobierno de Madrid. Una baza que han explotado y seguirán explotando los de Torra y Puigdemot para pintar a sus grandes adversarios y claros favoritos en la próxima cita con las urnas como traidores a la causa catalanista con su maridaje con el Estado salvaguardando sus cuentas.

El maniqueísmo asuela las relaciones entre Madrid y Barcelona y hay sectores empeñados en rascar y rascar. La FAES del ex presidente del Gobierno José María Aznar censura "que un catalán socialista" como el ministro de Sanidad, Salvador Illa, "amenace con cerrar Madrid".

El nacionalismo radical es bifronte, tanto en la Generalitat (Aragonés no es menos radical que Torra, simplemente es más discreto), como en el plano general, que enfrenta a independentistas y españolazos. Ya lo decía Antonio Gramsci: "El viejo mundo muere, el nuevo tarda en aparecer y en este claroscuro surgen los monstruos". 

Uno (Torra) se ha quedado al menos sin poderes. La desobediencia feroz y falaz da paso a la "microdesobediencia" sorda y ¿feraz? de Aragonès. La palabra pacto al menos entra en su vocabulario. En el del inhabilitado y el del resto de la tropa del preboste de Waterloo parece que no.

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