Análisis

francisco andrés gallardo

Robles Piquer

Aquello fue un retroceso perceptible incluso para los espectadores adolescentes. De un día para otro TVE volvió a ser tan anodina como la recordábamos, con exceso de señores engominados y Telediarios más grises que el ámbar de cachalote. UCD se agarraba a su palo diestro y Fernando Castedo era sustituido por Carlos Robles Piquer. El cuñado de Fraga, fallecido este jueves, entró con mano dura en Prado del Reír. La herencia del anteriormente cesado Iñaki Gabilondo, con sus suplementos tras los informativos, pasaron a mejor vida. El que fuera director de Radio Sevilla era el principal rostro de lo que iba a ser RTV16 (del Diario 16 de Pedro J). En ésas el PSOE, destino inevitable de cara a 1982 entre la olorosa descomposición centrista, ya advertía que televisiones privadas de entrada, no. Así que Gabilondo regresó a la SER de Eugenio Fontán, que era algo más seguro.

Robles Piquer supuso un evidente viraje a la fugaz RTVE aperturista de Castedo. Un paso atrás en la renovación del recién considerado "ente" público. La redacción, dividida entre el ayer y el mañana, se cruzaba comunicados según el sesgo, la imposición o la censura.

De la etapa del pariente de Fraga destaca la emisión de una serie propia, Verano azul, vaya nombre, presupuestada por un antecesor remoto. Lo de Chanquete era el sol que salía en medio de las tinieblas de una televisión carca. El nido de avispas de UCD terminó enfrentando a todos contra todos sobre la deriva de TVE, a la que se le culpó de fabricar votantes socialistas en Andalucía de lo antipáticos que eran sus contenidos hacia el sur. Nada nuevo. Qué de ilusiones se carcomieron desde entonces. Eugenio Nasarre vendría a relevar a Robles Piquer recién acabado otro fracaso como fue el Mundial 82, para que prácticamente encarrilara la televisión pública hacia una transición calmada ante el PSOE de los 800.000 puestos de trabajo. UCD se desintegraba y AP refulgía entre los añicos.

Robles Piquer representó a aquella derecha que regresó pero que nunca se había ido.

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