El sector exterior ha sido el gran protagonista de la recuperación económica en España. Según la Contabilidad Nacional (INE), su contribución al crecimiento fue negativa hasta el cuarto trimestre de 2011, pero desde entonces no ha dejado de ser positiva. Frente al tirón de la demanda interna en los años de la burbuja inmobiliaria y del endeudamiento galopante con el exterior, imprescindible para mantener el elevado nivel de gasto de la época, la economía española presentó un giro radical en sus cuentas con el exterior que le permitió transformar nuestra endémica necesidad financiación neta, en capacidad de financiación al resto del mundo. Gracias a ello, la economía española ha podido reducir en los últimos siete años su endeudamiento externo, que todavía se mantiene muy elevado (77,2% del PIB) y por encima de las economías de nuestro entorno.

En 2018 las exportaciones de bienes y servicios ascendieron a 414.200 millones de euros, equivalentes al 34,3% del PIB, que son 9 puntos más que en 2008, cuando se iniciaba la crisis financiera internacional. Como las importaciones sumaron 390.600 de millones de euros, el saldo de la balanza en 2018 ha vuelto a cerrarse en positivo por valor de 23.500 de millones de euros, que es un 1,9% del PIB. Pero este saldo es el resultado de dos balanzas contradictorias. Por un lado, la de bienes o balanza comercial, tradicionalmente deficitaria y, por otro, la de servicios, que incluye al turismo y siempre se cierra con superávit.

Las exportaciones de bienes superaron en 2018 los 286.000 millones de euros, pero la rigidez de nuestras importaciones hizo que estas se aproximaran a los 318.000 millones, provocando un déficit superior en un 43,5% al de 2017. En el caso de los servicios, el superávit en 2018 fue de 54.900 millones de euros, de los que 40.400 correspondieron al turismo. Como es habitual, los ingresos por turismo, 62.500 millones, aparecen para cerrar cualquier fisura en la balanza de pagos, aunque en esta ocasión con un notable matiz. Por primera vez, el saldo de la balanza turística se redujo con respeto al año anterior, debido a que los pagos de los españoles por turismo en el extranjero crecieron más que los ingresos.

Si a las partidas anteriores se añade el saldo de transferencias de rentas con el resto del mundo (de trabajo o de capital, impuestos, subvenciones o simplemente transferencias enviadas o recibidas del exterior), se obtiene la balanza por cuenta corriente, que es lo que determina la mayor parte (el resto es el saldo de la cuenta de capital) de la necesidad de recurrir a préstamos en el extranjero para cubrir nuestras necesidades de gasto. En 2018 el saldo fue nuevamente positivo (11.300 millones de euros), lo que significa que fue la economía española la que financió al resto del mundo, aunque en una cantidad muy inferior a la de 2017.

Durante 2018 se consiguió mantener el efecto balsámico del sector exterior sobre la economía, pero con señales cada vez más débiles, hasta el punto de cuestionar el superávit por cuenta corriente para el próximo año y la posibilidad de continuar reduciendo el elevado endeudamiento externo de la economía española.

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