Análisis

manuel campo vidal

Semana perdida y olor a elecciones

Las elecciones deben estar muy cerca, cabe intuir, aunque el botón de convocatoria sea potestad de los que presiden gobiernos. Casi seguro que Susana Díaz está a punto de pulsarlo para convocar en noviembre y no es descartable que Pedro Sánchez considere, después de una semana horrible, que en vez de esperar a febrero-marzo quizás le convenga sumarlas a las andaluzas. Menuda gracia le haría a Susana, por cierto.

Ha sido una semana perdida en trifulcas universitarias que le ha costado el puesto a la ministra Montón, matriculada en su día en el descontrolado Instituto de Derecho Público de una universidad madrileña. Primero fue Cristina Cifuentes, después Pablo Casado y la tercera, que no la última, Carmen Montón. La ex titular de Sanidad trabajó más y hasta presentó un trabajo de fin de máster, pero como había copiado la tercera parte acabó dimitiendo "para no perjudicar al Gobierno".

No terminará ahí la cosa porque parece que quienes sueltan información según convenga al momento político -de periodismo de investigación nada, más bien de delación- tienen dos o tres expedientes más de ilustres personajes en la lanzadera. No busquen en los archivos informáticos del centro porque borraron más de 5.000 correos a toda prisa.

Pero pronto se vio que la ministra era sólo el aperitivo del banquete que se estaba preparando: Sánchez cocinado en la salsa de su doctorado. Se dijo que la tesis no existía, pero hasta 16 equipos de prensa en un día pudieron consultarla en la biblioteca de la universidad; después se dijo que era un plagio y se demostró que no estaba copiada; antes se acusó de su redacción a un negro, pero el acusado lo desmintió; más tarde que el tribunal de tesis era "mediocre" y al final nos quedamos con que el contenido de la tesis era "flojo". Tuvo un cum laude, es verdad, como el 80% de las tesis que se presentan.

Acabada la guerrilla politico-mediática que nos ha hecho perder una semana alejándonos de los problemas reales, se hace balance de los daños: ha perdido la política, la universidad y los medios. La política porque enzarzarse en cuestiones secundarias en vez de hacer propuestas y afrontar problemas de la ciudadanía sólo acrecienta la distancia con la calle; la universidad, porque los escándalos dañan a toda la institución y perjudican a los que hacen un esfuerzo para pagarse un máster o sacar adelante un doctorado; y, desde luego, a los medios, porque su credibilidad se resiente. David Jiménez, ex director de El Mundo, escribió con acidez: "El periodismo patrio ha rozado el Watergate en lo de Sánchez; sólo tienes que quitarle el sectarismo, la ideología, la precipitación, el exhibicionismo, la inconsistencia, la falta de rigor, la nula verificación, o la ocultación de datos". Mal negocio para todos y desde luego también para Sánchez, porque todo erosiona.

Lo importante sería revisar en serio qué pasa en la universidad: la endogamia, la mediocridad y los absurdos de una liturgia a veces asfixiante mientras se permiten excesos. Investigar qué sucede en la política donde la maniobra táctica pesa más que la estrategia de Estado. Y analizar los medios donde las noticias falsas, o deformadas intencionadamente, ya no son exclusiva de medios digitales sino que alcanzan, a veces, a los convencionales. Es la credibilidad de todo el sistema lo que está en juego.

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