Análisis

francisco andrés gallardo

Talentillo

Jorge Javier es una mosca andante de T-5, sólo le falta un aviso bajo la barbilla

Si usted cree que Jorge Javier Vázquez no debería estar en Got Talent, tranquilo, tenemos que ser unos cientos de miles de espectadores los que también opinamos igual.

Debe de ser la huella de ADN de Telecinco para remarcar su sello en este formato tan versionado y visto. Frente a los otros tres miembros del jurado es la tomatera voz del espíritu de Sálvame para que nunca se nos olvide qué canal estamos sintonizando. JJ es como una mosca andante, sólo le falta llevar un letrero bajo la barbilla anunciando el próximo capítulo de El accidente.

Got Talent es la parada de los mounstruos de Rosario, la galería donde cabe cualquier excentricidad, como una señora domesticando sus enormes tetas al ritmo de Rafaella Carrá, o cualquier cotidianidad como un nuevo aspirante a Paul Potts. El público aplaude, llora y ríe mucho mucho y el jurado saca fuerzas de su rutina. En el caso de Eva Hache demuestra que se lo pasa bomba. Y si no es así, lo disimula perfectamente. Una grabación de Got Talent tiene que ser una tortura grado Lannister.

Risto podrá gustar o no, pero cumple con su misión de aportar una mirada exigente y escéptica que ante el espectáculo discrimine entre el efectismo (como las tetas vibradoras) y el talento de verdad. Su postura de Simon Cowell es un papel imprescindible para el formato.

Edurne, de lo más talentoso que hemos visto en un plató español, cumple también en su rol de exigencia profesional sin renunciar a su artista de vecina amable de enfrente. Entre todos, jurado, público y participantes montan una (muy editada fiesta) donde sólo Jorge Javier parece no entender dónde se ha metido.

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