Tierra de ministras y ministros

Ella ha sabido sobrevivir siempre, incluso a Chaves y a Griñán. Y también a Spiriman

Tener un ministro sevillano siempre ha sido una necesidad. Lo contrario se interpretaría como un insulto a la ciudad. Eso viene de antiguo, puede que desde los romanos, con Trajano, que no fue ministro, sino emperador. Sin detenernos en los múltiples casos históricos, se suele recordar que con Felipe González de presidente y Alfonso Guerra de vicepresidente, se puso una pica en la Moncloa en 1982. También es curioso que en la primera candidatura de UCD, en 1977, estaban Manuel Clavero, Jaime García Añoveros y Soledad Becerril, y que los tres llegaron a ser ministros. Soledad fue la primera ministra de la democracia recién recuperada, antes de ser alcaldesa de Sevilla.

Por el contrario, Juan Ignacio Zoido fue alcalde antes de ser el último ministro del PP sevillano. Javier Arenas llegó a vicepresidente del Gobierno, pero no ha sido alcalde, ni tampoco presidente de la Junta de Andalucía, aunque se quedó cerca. Con tantos antecedentes, se entiende que el nombramiento de María Jesús Montero como ministra de Hacienda se debe asumir con la naturalidad de lo habitual.

La sorpresa llegó por otros motivos: porque se dijo que Pedro Sánchez formaría un Gobierno de leales, en cuyo caso se daba por seguro que Alfonso Rodríguez Gómez de Celis sería ministro de algo. ¿De qué? De lo que sea, eso es lo de menos. Para los asuntos económicos, hay siete ministros. Si eso lo hiciera el PP, se diría que era un derroche; pero si el PSOE aumenta los ministerios (para un Gobierno que se suponía de corta duración) se considera normal. Una zapaterada, como otras que hicieron en la década pasada.

Pero se habla de ministras y ministros. El ministro macho/Camacho se puede quedar al borde de la extinción. Porque en la igualdad no es lo mismo discriminarlas a ellas que a ellos. Así que a Sevilla le tocaba una ministra; y puestos a escoger, lo mejorcito que tenían en el PSOE era María Jesús Montero. Algunos dicen que la lió allí por dónde pasó. No es cierto, porque ella ha sabido sobrevivir siempre, incluso a Chaves y Griñán. Y también a Spiriman. Ella es una ministra superwoman, y la han nombrado sin ser una celebrity de la televisión, que tiene más mérito.

Queda por saber, en el oráculo de Dos Hermanas, quién será el próximo presidente del Gobierno sevillano. En otros tiempos, no tan remotos, se decía que iba a ser una presidenta.

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