Crónica Personal

Tormenta en el PP

Nervios. El batacazo en las catalanas y el abandono de la sede de Génova abren una crisis de los barones y cargos regionales del PP con Casado, aunque ponen el acento en García Egea

Sede del PP en Génova, 13. Sede del PP en Génova, 13.

Sede del PP en Génova, 13. / Fernando Alvarado / Efe

NO hay una sola insinuación entre los miembros más destacados del PP de que es necesario relevar a Pablo Casado. Mucho menos es una exigencia para garantizar la buena marcha del partido. Cosa distinta es la confesión, exigencia o como quieran llamarlo de que es necesario hacer cambios en el equipo del presidente. Con Teodoro García Egea como centro de todas las críticas.

Esta periodista no ha escuchado ni una palabra en defensa del secretario general del PP, ni una. Todo lo contrario, lo hacen responsable de los males que aquejan al partido, que son muchos, y de los que quedan por llegar si Teo, como lo llaman, continúa en el cargo. Le reconocen un único mérito: fue quien negoció, junto con Javier Maroto, los acuerdos con Cs y Vox que permitieron al PP gobernar en un buen número de gobiernos regionales y municipales. Pero desde entonces, dicen, lo único que ha hecho es desbaratar el PP, y Pablo –Pablo es sólo uno, Casado, pero la mayoría lo llama presidente– parece abducido por su secretario general.

En el PP se vivió una tormenta la noche del 14- F. Ni en sus peores momentos barajaron tres escaños en el Parlament, creían que tendrían siete u ocho, y algunos pensaron que podrían ser 10. Pero esa tormenta fue también tsunami, huracán y tornado, todo junto, la mañana del martes, cuando Casado anunció lo que sólo sabían García Egea e Isabel Díaz Ayuso: que el partido abandonaba la sede porque, según el presidente, había albergado una corrupción de la que el PP actual quería marcar distancias de forma definitiva. Como sólo estaban al tanto Egea y Ayuso, nadie le había advertido a Casado de que sólo podía anunciarla si previamente tenía la aceptación de la junta directiva nacional. Un pequeño detalle que se le escapó al presidente. O lo había olvidado, o no conocía.

Conexiones

En la reunión de la directiva, los barones más importantes, excepto Ayuso, tras el anuncio reaccionaron con un sonoro silencio. La madrileña expresó su lealtad inquebrantable a Casado. Los otros también se muestran leales al presidente, pero reconocen que es un error el abandono de Génova, 13. Porque con ese anuncio se asume que la corrupción ha sido una seña de identidad del PP, lo que da munición a Pedro Sánchez para hacer oposición al líder de la oposición.

Respecto a la insistencia de Casado y Egea en declarar que en la dirección actual no hay nadie de la época anterior, más les vale no seguir en esa línea. Porque hay, claro que hay. Empezando por el propio Casado y siguiendo por Ana Pastor, Elvira Rodríguez, Javier Maroto y el tesorero Sebastián González. Como decía un miembro destacado del PP: "Se debe tener cuidado cuando se hacen declaraciones tan categóricas". Por no mencionar, añadía, que Casado ganó las primarias gracias a un pacto con Cospedal, porque fue Soraya quien venció en la primera vuelta. Y Cospedal es una de las personas que investiga la Policía Judicial que trabaja en todo lo relacionado con Luis Bárcenas.

Casado no ha salido bien parado del reto catalán y eso que se volcó en la campaña. Una vez conocida el pésimo resultado, él y Egea han puesto el acento en que lo que importa son las generales y que las elecciones en Cataluña no se asemejan a ninguna otra por sus especiales características, las exigencias independentistas y cómo afectan éstas al Gobierno central y al resto de España. Sin embargo, esa reflexión de que para el PP no era tan relevantes esos comicios se viene abajo al recordar que Casado se implicó a fondo en la campaña –con alguna importante metedura de pata que incomodó a sus votantes– y que dio instrucciones de que la dirección se trasladara a Cataluña los últimos días para sumarse a la campaña y pedir el voto. Y allí estuvieron todos, al completo.

El próximo reto del binomio Casado-Egea es, en primer lugar, tomar una decisión sobre la sede. Una vez que la directiva nacional apruebe el traslado, si lo aprueba, llega el momento de los números y ver si es mejor vender o alquilar; segundo, en pocas semanas se celebran los congresos provinciales del partido, y ahí esperan los barones a Egea. Es quien se ha empeñado en cambiar a los responsables provinciales para colocar a personas de su cuerda... y a continuación empezar a mover la silla a los presidentes regionales.

El futuro

Feijóo ha advertido de que no va a admitir que Egea meta la mano en Galicia, y como es el barón indiscutible, que además gobierna con mayoría absoluta, nadie va a tocar a ninguno de los dirigentes gallegos. Mañueco ya ha puesto el grito en el cielo porque Egea pretende deshacerse de presidentes provinciales que son referentes del PP en su circunscripción, y la batalla entre el presidente regional castellano-leonés, y el secretario general del PP va a ser a muerte. Otros presidentes, entre ellos Juanma Moreno, ya han avisado a Génova de que si Egea no negocia con ellos los cambios, se puede encontrar con que no le va a ser fácil convocar los congresos. Es decir, los presidentes regionales son leales a Casado y quieren seguir siéndolo, pero el silencio con que recibieron el anuncio del cambio de sede en su discurso ante la dirección nacional ya apuntaba que no iban a resignarse a aceptar todo lo que llegara de Egea por la simple razón de que ocupa la secretaría general.Hablaron la mayoría de los barones entre sí después de la reunión y estos últimos días telefónicamente. Y es unánime la crítica hacia cómo se toman las decisiones en la sede nacional. En contra de lo que han dicho miembros de la dirección, las elecciones de Cataluña sí eran importantes, por lo que es preocupante el catastrófico resultado. Más todavía teniendo en cuenta que es también unánime el comentario de que Alejandro Fernández era un buen candidato. El resultado lo achacan a la pésima campaña, incluido el desembarco masivo de la dirección nacional, como a la falta de estrategia de comunicación, que es queja habitual desde que Casado preside el partido.

¿Qué va a ocurrir ahora? Los rumores se disparan, algunos pintorescos, como la supuesta iniciativa de Casado de fusionar el PP y Ciudadanos, idea en la que Rivera jugaría un papel importante. El presidente del PP mantiene buenas relaciones con Arrimadas y con el ex líder de Cs, pero el nombre de Rivera sólo se menciona en los despachos de la séptima planta –la importante de Génova– porque asesora al PP en cuestiones legales, ya que trabaja en un bufete de abogados.

Otro rumor apunta a que Feijóo prepara su desembarco en Génova. No parece que ésa sea su intención, aunque desde que decidió no presentar su candidatura a la Presidencia sigue recibiendo recaditos de personas que lo presionan para que dé el salto. Feijóo gana puntos día a día, más aún desde que revalidó la mayoría absoluta, pero está volcado en Galicia y en la lucha contra la pandemia. Cómo se plantea su futuro, sólo él lo sabe; o quizá no.

Ahora, lo que más importa a los dirigentes nacionales y regionales es cómo potenciar el PP. Y eso no se soluciona renunciando a la simbólica sede, convocando una convención en otoño o cambiando dirigentes provinciales. La solución pasa por conseguir que Casado comprenda que si no hace cambios en su equipo actual, el PP no ganará las elecciones generales.

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