Las diez negritas. Las diez negritas.

Las diez negritas. / M. G.

Los datos sanitarios de la pandemia en Andalucía son los peores desde que el coronavirus se extendió en España. El clima político, también. En primavera, se mantenía un tono crítico comprometido; ahora se va a degüello. El vértigo del retorno a las aulas y el deterioro de la situación, aunque Andalucía se mantenga entre las tres mejores comunidades peninsulares, han tensado el gabinete tras una confusa remodelación; y a la vez la debilidad interna de Susana Díaz y la ruptura traumática de Adelante Andalucía han desatado una oposición feroz. No hay que rasgarse las vestiduras por la función de control de la oposición, incluso a cara de perro; otra cosa es sembrar la congoja o el miedo, sobre todo si se asume que la pandemia debería conllevar algunas líneas rojas.

Ha ocurrido esta semana con el contagio comunitario en Málaga; un enredo desencadenado a partir de un error de comunicación del consejero de la Presidencia. En política los errores se pagan. Elías Bendodo, para llamar la atención sobre la situación de Málaga, abrió la veda al manejar ese concepto. La oposición usó un documento de una epidemióloga en la Costa del Sol donde se mencionaba esa transmisión comunitaria, el 24 de agosto, y acusaron a la Junta de haber ocultado eso durante todo este tiempo. En realidad esos datos nunca se han ocultado, pero la política rara vez se detiene en esos detalles. De hecho, el propio informe mencionaba la cota de 30 positivos por 100.000 habitantes. En la semana del 17 al 23, todas las provincias superaban esa cota, salvo Huelva. Tiene poca lógica que se ocultara algo que ya afectaba y afecta a casi la totalidad del país, excepto Hueva, Castellón y Canarias. Lo ocurrido tal vez tenga más de transmisión comunitaria de oportunismo político. 

A poco que se analizara el asunto, había más ruido que nueces, pero el ruido y las contradicciones torpes del Gobierno andaluz al tratar de matizar la primera versión era suficiente para que la oposición se lanzara a pedir cabezas, comparecencias, dimisiones, a proveer de titulares impresionantes, y Susana Díaz a dar entrevistas, preferentemente en medios nacionales, para repetir la salmodia de que "es muy grave ocultar la verdad poniendo en peligro la vida de los andaluces". Tal cual, ese era el mensaje: "poniendo en peligro la vida de los andaluces". Desde luego hicieron un trabajo eficiente. En política no se necesita que el mensaje sea verdad, sólo eso. Por supuesto, el PSOE se desentendió no ya de la imagen que pudiera dar de Andalucía sino del impacto que pudiera tener en la ciudadanía. La política es la guerra por otros medios, como advertía Clausewitz; y en la guerra, ya se sabe, vale todo.

A Susana Díaz, es evidente, le urge desgastar la imagen de líder moderado y dialogante de  Juanma Moreno quecomparten la mayoría de medios nacionales, como representante del sector centrista del partido. A ella le conviene etiquetarlo con el sello del trifachito, asociado a Vox y equiparado a Isabel Díaz Ayuso. En esa operación, el mensaje es, desde hace días, "mentira","caos", "mentira", "caos"… entre la asistencia primaria bloqueada y la incertidumbre de la vuelta al colegio, "mentira" y "caos". Ninguna declaración que no hable de caos, de mentiras, o de ambos. 

También es posible que al PSOE le interesara elevar el ruido ahora que regresa la comisión de investigación de Faffe (la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo), un escándalo considerable que les perseguirá todavía largamente. En otoño, los partidos de la mayoría incurrieron en el filibusterismo parlamentario citando a los expresidentes en víspera de la jornada de reflexión, episodio chusco que acabó con la escena del sin saber cómo apagarle el micrófono a Manuel Chaves. Hay que confiar que ahora esa comisión avance con rigor. Para el PSOE será duro. Ese escándalo afecta a 55.000.000 de euros, otra vez una cifra demasiado gruesa sin justificar, con gastos en puticlubes y parrandas muy corrosivos. El triunfo electoral de Juanma Moreno en 2018 comenzó sin miramientos delante del puticlub Ángelo, el local con el que se asocian las juergas de Fernando Villén.

La confrontación es consustancial con el juego democrático. El presidente, sin embargo, se aferra al tono moderado manteniéndose au-dessus de la mêlée; y entretanto crece un riesgo acechante para la ex presidenta y sus pretorianos: dar una imagen de demagogia para tratar de erosionar al Gobierno aprovechando la pandemia generando crispación. Las alarmas en el PSOE parecen haberse conectado al ver que Ángela Aguilera, de Anticapistlistas, exhibía estos días un tono más moderado que la propia Susana Díaz. Para tratar de compensar ese perfil de oposición feroz, Díaz tiende la mano para negociar los presupuestos siguiendo el manual a Moncloa. No parece, sin embargo, que haya colado en plena campaña de agitación retórica. "Le escucho hablar de mano tendida, pero cada vez que habla, esa mano viene envenenada" replicaba Loles López

Por demás, esta semana Vox se ha apresurado a garantizar la estabilidad gubernamental confirmando que apoyarán los presupuestos. Alejandro Hernández, mientras su partido alterna críticas y apoyos  a San Telmo en una estrategia de ducha escocesa, se asegura así de que el apoyo de la izquierda no sea necesario, y por tanto tampoco influyente, aunque no pone condiciones aprovechando para espetarles una pequeña lección:  "Nosotros no vamos a poner cordones sanitarios. No nos gustan. A otros se les llena la boca hablando de democracia; nosotros la practicamos y la defendemos frente a discursos sectaristas y excluyentes". Qué cosas. 

En el Gobierno ya saben que tendrán presupuestos, pero ahora la clave está en el resultado de la vuelta al colegio. Sindicatos y asociaciones, desde ese tejido civil que el PSOE ha cultivado durante décadas desde el poder, van a movilizarse preventivamente, aunque no todos confluyen en politizar las protestas; pero si vienen curvas, estallará la calle. También saben que Javier Imbroda  es un flanco débil, porque su estilo ‘a pecho descubierto’ –"Nosotros hemos sido coherentes desde el principio; hay que ser honestos y decir la verdad"– en política a menudo es peligroso. Que se lo digan al propio presidente cuando quiso empatizar con la ciudadanía al ser preguntado si se sentía seguro como padre:  "No me siento seguro, seguridad plena yo no la tengo", regalando un titular peligroso. Imbroda no debería olvidar que la política requiere un lenguaje político, que no se aprende en los executive coaching de las escuelas de negocio, aunque pueda aportar aire fresco. 

El Gobierno, mientras gestiona las dificultades en los grandes servicios públicos de la sanidad y la educación –ya no basta con recordar que heredaron recortes masivos, ahora es su responsabilidad– debe elaborar unos presupuestos con programas competitivos para disputar los fondos europeos. Y no hace falta una encuesta del Centro de Estudios Andaluces para saber que no será sencillo. Ahí se juega la prosperidad de Andalucía, y no se podrá lograr con ruido o con eslóganes propagandísticos, como aquellos de la 'segunda modernización', sino con talento. 

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