Análisis

Antonio Sempere

Vergüenza

Qué pena que entre '¿Qué fue de Jorge Sanz?' y 'Vergüenza' medien diez años

Cómo son los guiones de Vergüenza. El mismísimo Andreu Buenafuente confesó en una de sus deliciosas charlas con Miguel Rellán que en ocasiones tiene que parar de ver el capítulo por lo incómodo que se siente viéndolo. "Es que me siento violentado", explicaba Andreu, a lo que Rellán quitaba hierro: "Eso es que eres generoso. El que hace el ridículo es el otro. Tú sufres por él". En lengua inglesa, la vergüenza ajena se traduce como vergüenza española, del mismo modo que la sífilis es la enfermedad española. Siempre se nos ha admirado mucho por ahí afuera. Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero se han atrevido a escribir y rodar lo más parecido a una tercera vía entre la ficción y el documental, puesto que lo que vemos, siendo lo primero, cuenta más sobre nuestra realidad que lo segundo. Muestra lo que no se ve en la no ficción. Va más allá de donde se atrevía a ir Eduard Punset o donde hurgan los de Documentos TV.

Si hablamos de los territorios de la ficción, Vergüenza, producida por Apache, sería como la cara B de todo lo que nos han ofrecido los de Bambú, ahora Traición, antes Gran Reserva o Gran Hotel. De la ficción exquisita a la que, en cuanto te descuidas, utiliza unos calzoncillos con caquita como macguffin a las situaciones más comprometidas que imaginarse puedan. Tan incómodas de seguir a espíritus sensibles como los de Andreu Buenafuente. Qué pena que entre ¿Qué fue de Jorge Sanz? y Vergüenza hayamos tenido que esperar casi una década. La que transcurrió entre el proyecto Originales Canal + y la puesta en marcha a velocidad de crucero de Movistar +. Vergüenza es el retrato más nítido realizado hasta la fecha del español medio. Aunque moleste, hay que verla. En esas vivimos.

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