Diario de Sevilla En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

11:33. Coincido en la calle Correduría con Braulio (Cultura) y nos vamos juntos al periódico, separados por la reglamentaria distancia de seguridad, que ignoro cuál es (¿metro y medio, tres metros?). En fin, uno por una acera y el otro por la opuesta, gritando para comunicarnos, lo típico en estos tiempos de jindama vírica. En la entrada, le cedo el ascensor y voy por las escaleras, mientras pienso que por qué demonios no me ha dado por hacer ejercicio los días previos. Hace sus gestiones en un periquete y se vuelve al teletrabajo. Otra vez solo como la una, aunque una llamada de Paco Correal me alegra la mañana. Después engarzamos entre varios 33 discusiones telefónicas y por correo electrónico sobre el planillo ("subimos páginas", "tiene que abrir en doble la segunda de Andalucía" y demás pamplinas periodísticas), le empiezo a dar vueltas a dos tonterías sublimes. 1) Aquí se podía montar un hospital de campaña de categoría. 2) Los cubos (son cuadrados) donde reciclamos el papel irían de lujo para llenarlos hasta arriba de hielo y botellines. Error: la parte superior de los recipientes están agujereados. Al traste mi plan. Me piro a almorzar.

15:56. La soledad, así como a ratos o durante varios días, no está ni tan mal. Uno se cabrea consigo mismo o con la humanidad y suelta sapos y culebras por la boca a grito pelado sin reproches de nadie. Ha sido la dinámica de martes a viernes, pero esta tarde llegan refuerzos. No soy el soldado Ryan, pero bienvenida la compañía. Carlos (Andalucía y lo que sea menester) y servidor llegamos a-la-misma-vé (loperada) a la calle Rioja. Al rato llega Jorge (Local y al mando de las operaciones). "Nos falta uno para un dominó o un mus, a elegir", medito. Echamos la tarde bien, con las discusiones bizantinas de toda la vida en un periódico: "Pero, a ver, ¿la prórroga son 14 días o 15?". Da igual, son muchos en cualquier caso.

22:07. Ya nos queda menos. La jornada vespertina ha estado más animada que otras, pero no sólo por la compañía. Ha habido jarana en la calle. Los carmelitas de la iglesia del Santo Ángel suben a la azotea para el preceptivo aplauso de las ocho a los sanitarios (le pongo falta a Pepe Aguilar, asiduo de la ovación y que no ha asomado el pescuezo esta vez), con las terrazas de la calle a rebosar, y aprovechan la coyuntura para cantar salmos (invención del autor, con perdón); al rato suena el himno de España, después un cumpleaños feliz, más adelante marchas procesionales y para cerrar el acto una cacerolada contra el Gobierno que no me suena, valga la redundancia, haberla escuchado antes por estos lares. ¿He acabado ya? No, a punto. Queda Donald Trump. Qué coñazo de tío. To be continued...

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