La ventana
Luis Carlos Peris
Lunes de carteles
Atravesamos un momento sin retorno, no va más, se va acabando el veraneo con el ansiado retorno del fútbol de verdad, con los carruseles radiofónicos a toda pastilla, con el sonido genuino del gol mediante el particularísimo sonido del morse en cada punto del dial. Se va yendo agosto buscando las tablas septembrinas y las playas van quedándose ligeritas de gente, de esas mesnadas que tomaron las vacaciones en un agosto en el que hay de todo y en el que ponerse a ver el telediario es empezar a llorar y no acabar. Se va el ferragosto, el mes vacacional por excelencia, que hasta parece que no eres nadie si no vacacionas en dicho periodo estival. Y pasa lo que pasa, que en cualquier mes se veranea mejor que en este agosto en que la demanda hace que las ofertas alcancen precios prohibitivos. No escarmentamos y, verano tras verano, parece que poder elegir agosto es sinónimo de influencia, por mucho que a la hora de la verdad, agosto sea una interminable cola para que reinen la incomodidad y la bulla.
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