Comienza la Bienal de Flamenco, con sus 62 espectáculos, que este año tiene un loable propósito: integrar más a la ciudad en la celebración. El flamenco, de por sí, es uno de los principales atractivos que tiene Sevilla. Y se debe añadir que fomenta el turismo de lujo más que el de chanclas. Pero llega más lejos. Mientras Antonio Muñoz y el alcalde Espadas intentan atraer turismo asiático, pasando videos por la plaza de Tiananmen si fuera necesario, el flamenco ya ha conseguido que aficionados de Japón, de China y hasta de Corea del Sur se queden a vivir, y se sevillanicen a su modo para aprender los secretos del baile, de la guitarra y hasta del cante.

Lo mismo se puede decir de norteamericanos, rusos y europeos de muchas nacionalidades y regiones. Cristina Heeren ha hecho mucho por el flamenco en Sevilla. Pues ha demostrado que se puede ser trianera, aunque no tengas tan pura cepa como Matilde Coral. La pura cepa se asimila con el tiempo. Y también han conseguido que Triana sea el barro preferido de los chinos, donde forman el mayor grupo de los extranjeros residentes, casi un 10%.

La Bienal hace mucho por el flamenco desde sus primeros años. Le ha dado resonancia, un pedigrí que lo eleva dentro de las consideraciones artísticas, hasta un superior estatus intelectual. En ello puede haber influido la mismísima bienalidad. En general, las bienales se asociaban con Venecia y con la arquitectura. Las bienales son como más reposadas. Necesitan dos años para ser pensadas, planteadas, saboreadas y digeridas. Las bienales tienen sentido en la arquitectura, que se toma sus tiempos. Y en Venecia, que se mueve a ritmo de góndolas para recrear un tiempo que ya no existe. La pregunta es: ¿tiene sentido una Bienal en Sevilla?

Ahí lo vemos: un mes de septiembre flamenco, mientras por ahí están de vendimias. El lujo y la paciencia de los años pares. La Semana Santa es anual. Y el Corpus, y la Virgen de los Reyes. En lo religioso, todo, por supuesto. Pero también en lo profano: la Feria es anual, y la Velá, y la cabalgata de los Reyes Magos, y todo lo que se tercie. La Bienal de Flamenco es una excepción que confirma la regla.

A final de septiembre veremos si la Bienal ha encendido Sevilla, como se propone. El flamenco es un filón, todavía con un margen amplio de mejora. Está bastante desaprovechado en 23 meses de cada dos años, cuando no hay Bienal.

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