Análisis

jesús alba

La burbuja, otra vez en peligro

La epidemia inversora se ha llevado a clubes históricos por delante y ya amenaza al Málaga

Como pequeños síntomas a modo de avisos, como una listeriosis que hace estragos en grupos de riesgo y a la que el resto asistimos con curiosidad y cierta dosis de estupor, el fútbol está moviéndose peligrosamente desde hace tiempo hacia un punto de no retorno. Lo avisaba hace días el director general del Sevilla en un foro económico de la industria futbolística celebrado en Lisboa y lo estamos viendo de cerca, pero no nos duele aún y por eso no nos alarmamos.

El precursor fue Piterman en el Alavés y, según esté la caja fuerte, a los inversores se les recibe con la cara agria o con la palmita en la espalda, pero ya estamos viendo las consecuencias los que solemos mirar más allá de los focos de la élite, el juguetito de Tebas y la tiranía horaria de las televisiones.

Y ya lo avisó Cruz. Mientras los mismos de siempre se enriquecen, el fútbol por el subsuelo enferma y empieza a morir. Pero, ojo, que ya la epidemia ha llegado al fútbol profesional. En Segunda, en Málaga el enemigo público número uno es el mismo jeque que llevó la Champions a la Rosaleda y metió en el vestuario a Joaquín, Baptista o Demichelis. Días de vino y rosas que hoy disfrutan en Almería, a cuerpo de rey -nunca mejor dicho- con el gasto disparado (más que once equipos de Primera) con la chequera de la familia real saudí. Ahora en Málaga los problemas con el límite salarial se traducen en la imposibilidad de inscribir jugadores. Impensable cuando se trata de un club que recibe ingresos como miembro de la Liga.

Más abajo, ya hay cadáveres de clubes históricos. Lo vivimos en verano con el Reus, en Segunda División B, y se ha reproducido en Tercera. Entre inversores coreanos el Écija se fue a la tumba mientras el Xerez y el Gerena -¡ay, Oliver y la familia de Sergio Ramos!- se salvaron dicen que con fondos del Atlético de Madrid y por un auténtico milagro digno de Fuenteovenjuna junto a las minas.

La burbuja está en peligro y encontrar al inversor serio no es fácil.

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