Análisis

francisco Correal

Un cartel de Godard cerca del Festival

Cine-fórum. Marcelo Culasso se adelantó al Festival de Cine Europeo de Sevilla en su tienda de marcos con el cartel de la película que consagró a Brigitte Bardot

EMPEZÓ el Festival de Cine Europeo de Sevilla y los días previos se contó con un aperitivo que a los cinéfilos con memoria les habrá devuelto una vieja historia. Por fin Jean-Luc Godard ha venido a Sevilla. En el formato precedente del Festival, esperaban pirandellianamente a Godard en el Casino de la Exposición en el estreno de Prenom: Carmen, con la holandesa Marutchska Detmers (la de El diablo en el cuerpo, de Marco Bellocchio), pero Godard no vino.

Godard ha venido ahora de dos maneras a Sevilla. Una, en la cita del cineasta, "la televisión es una fábrica de olvido", que Paco Reyero incluye en su trepidante ensayo sobre Donald Trump. Marcelo Culasso ha colocado el cartel de la película Le Mépris. El desprecio, una idiota preciosa, título en español de la novela de Alberto Moravia. "La idea del cartel fue de Amanda", dice Marcelo, que este mes de noviembre cumple sus bodas de plata en la calle Feria. "Voy a quitar a Godard para celebrar el cumpleaños".

Roger Vadim (Y Dios creó a la mujer) se inventó a Brigitte Bardot y André Bazin creó Les Cahiers du Cinéma. Así surgió la nouvelle vague con nombres como Truffaut, Chabrol o este Godard que en 1963 dirigió a una bellísima Brigitte Bardot. "Hay rubias y rubias", dice Philip Marlowe en El largo adiós de Raymond Chandler. Un libro tapa el trasero del icono erótico en una playa. En el juego de gafas, la actriz tiene algo de Shakira. Por su generación, es más de Kubala que de Piqué.

"A mí me va más el cine americano que el europeo", dice Marcelo. "Ese cine era producto del ambiente y de la edad que teníamos. Te aburrían esas películas, pero te daba vergüenza decir que te aburrías". Con el aburrimiento se ligaba. En España la gente se avergonzaba de decir que le gustaba el fútbol y, por supuesto, preferían Fresas Salvajes a Sor Citroen. En el escaparate de Marcelo Culasso hay una revista juvenil femenina, Lily, con un póster "múltiple" de Danny Daniel. Danny sin Donna. También la letra completa de El patio de mi casa.

El Festival de Cine Europeo ha empezado muy francés, con el homenaje a Vincent Landon. Uno de sus nexos cinematográficos ajenos a su currículum es que durante un lustro fue pareja sentimental de Carolina de Mónaco, la hija de la actriz Grace Kelly.

La nouvelle vague vino a Sevilla, pero Godard se quedó en París. En el formato prehistórico del festival de cine hubo un ciclo de la new wave neoyorquina, la nueva ola de la capital de la modernidad representada por cineastas como Jim Jarmusch o Susan Seidelman. Para ellos hubo una fiesta muy especial en la sala Groucho, uno de los hermanos Marx al que se ha referido más de uno en el debate que precedió al nombramiento de Mariano Rajoy.

En la Enciclopedia del Cine, Roger Boussinot afirma que cuando Godard dirigió Pequeño Soldado lamentó no haber tenido veinte años cuando empezó la guerra española. Sólo tenía seis.

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