12:44. El estreno de las horrorosas chanclas, sello De la Huerga desde hace un cuarto de siglo, me salió rana el lunes por el frescor de la noche, que me dejó helaítos los dedos. Esta vez recuperé el calzado cómodo y me asé los pinreles a mediodía. Hablando de zapatillas, llamo a Ray para preguntarle una majaretá sobre las Air Jordan, que cuanto costarían las originales del 85 porque un colega me ha preguntado. Responde que una barbaridad, pero me dice que espere, que lo busca una web muy buena de estos temas. "Hay una de 8.000 euros, otra por 13.000, una más por 24.000". Quillo, me está dando un parraque. Que le den a mi amigo y que se compre unas Nike como las mías, de andar por casa. Comentamos el documental de Michael Jordan de Netflix, un reportaje magnífico, aunque en el quinto episodio te da un dolor de pies que lo flipas porque en su último partido con los Bulls en el Garden usó las zapatillas que se puso la primera vez que jugó en Nueva York. "Tengo los pies empapados en sangre", dice Michael. Eso pasa por hacer la gracia, como yo con las chanclas.

17:33. Tengo alma de portero, como Emilio el de Aquí no hay quien viva. Ya he contado las peripecias con unos y otros para que les encienda el ordenador o me tire al suelo por un cable desconectado. Los informáticos, jajajaja, qué cachondos los tíos, teletrabajan y me mandan los marrones a mí. Esta tarde suena el móvil y el telefonazo procedía de las altas esferas. "¿Estoy despedido?", ha sido mi respuesta salerosa y siempre tan atinada cuando hablo con un jefazo. "Aún no". Bien. Pensaba que me iban a encargar el reportaje de mi vida, que me hiciera pasar por celador en un hospital o algo así intrépido. Estaba salivando (exageración hispalense) cuando la realidad me devolvió al suelo: "Juan, ¿puedes contar el número de mesas que hay en la redacción?". "Faltaría más...". Una licenciatura para esto, en fin.

22:32. Hay ajetreo en el periódico pero uno prefiere ni mirar ni preguntar ni moverse del sitio porque lo mismo recibo un capón. No paro de darle vueltas a que si con veintipico añitos hubiera comprado unas Air Jordan ahora sería el rey del mambo. Pero como no lo hice, aquí estoy cambiando la paginita de previa del Pleno del Congreso. Me había quedado de cine, pero resulta que a la señora Arrimadas ("Me encanta Jerez", que gritó Pacheco) le da por llegar a un acuerdo pasadas las nueve de la noche. A cambiar todo en internet, en el papel y donde sea necesario. Me duelen la espalda y los ojos. Necesito un bar. No hay. Bueno, voy a cenar mientras me quedo dormido viendo el episodio sexto o empiezo a leer la biografía de Katharine Graham, la dueña de The Washington Post, para que me crea un periodista de alto copete en lugar del chico de los recados (dicho con toda la guasa del mundo). To be continued...

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