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El Cid, cénit al natural
Reconocimiento incondicional y afecto mutuo son motores que vivifican las relaciones humanas y lo cierto es que esas condiciones se dan en mi relación con Manuel Jesús, El Cid en el mundo. Por ello, mi alegría se viene arriba cuando se entera de que el saltereño ha sacado a pasear su mano izquierda para bordar ese toreo universal de trazar un largo recorrido que el toro ejecuta con obediencia. Manuel Jesús, que no ha tenido del toreo el recibimiento que merecía tras decidir su retorno, está teniendo un camino lleno de espinas y ninguna por su culpa. Toreando poco y en carteles de poca repercusión, la verdad es que cada vez que ha tenido la oportunidad de torear en alguna plaza de primer orden ha respondido a la perfección. Acaparador de premios en Santander, antier repitió la faena en una plaza que hace años escenificó una de sus más brillantes obras. Fue en Albacete y cuentan y no acaban de cómo arrastró repetidamente la panza de su muleta por la arena manchega a la orden de una zurda única.
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