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Análisis

Juan Ruesga Navarro

Con derecho a cocina

Todavía recuerdo la expresión "habitación con derecho a cocina...". Durante muchas décadas del siglo pasado era común resolver así la necesidad de vivienda en la gran ciudad para las familias que se trasladaban desde el pueblo. O simplemente recién casados que para iniciar una nueva familia, buscaban un nuevo hogar desde los escalones más modestos. Casas de vecinos y corrales, con la casa del propietario o administrador en la entrada que alquilaban habitaciones, con las cocinas y servicios comunes. O pisos de personas solas, muchas de ellas viudas, que alquilaban una habitación con comida incluida a personas que estudiaban o buscaban el primer trabajo, siempre que vinieran recomendadas, para completar los escasos ingresos de los que disponían. Esa misma fórmula de alojarse en habitaciones de casas de familia de la ciudad se utilizaba ya desde el siglo XIX, para resolver la demanda de alojamiento en ciudades, como Sevilla, que nunca tuvieron muchos hoteles o pensiones. Basta leer las crónicas de muchos viajeros románticos a nuestra ciudad. Y no digamos durante la Semana Santa y la Feria, en las que se alquilaban habitaciones y balcones. El crecimiento inmobiliario de los años sesenta aún no había llegado y la necesidad en todas sus versiones buscaba soluciones.

Cuando vemos las plataformas en internet para buscar alojamientos y el fenómeno de los pisos turísticos en las ciudades, no podemos olvidar que es una fórmula que surgió para poner en contacto la demanda y oferta de habitaciones en pisos en todo el mundo, directamente entre propietarios y viajeros. Poder pasar unos días en Washington o Nueva York para un joven licenciado o ejecutivo que necesitaba asistir a un congreso o a una entrevista de promoción laboral, estaba fuera de alcance en los caros hoteles del centro de la ciudad. Sin embargo, una habitación en un buen barrio, no era imposible, porque además ayudaba al propietario o propietaria jubilada a pagar los gastos de su vivienda de siempre, que ahora con la pensión no le llegaba. La facilidad para buscar alojamiento por internet ha podido llevar a distorsionar algunas cuestiones del alojamiento en costas y ciudades turísticas españolas y habrá que dar una respuesta. Pero no va a ser fácil, porque el fenómeno es mundial. Una familia amiga de Centroamérica ha pasado recientemente un mes de vacaciones recorriendo Andalucía con visitas a Mérida y Toledo. Eran seis personas, padres, un hijo, dos tíos y una sobrina que han viajado todos juntos en su primera visita a España. Sin la fórmula de los pisos alquilados por internet de unos pocos días en cada ciudad, el viaje no hubiera sido viable. Estuvimos en el piso de Triana que alquilaron, que daba vistas al Paseo de la O y el río. Amplio y muy bien amueblado. Con todos los permisos colgados en el recibidor y las normas de uso y lista de teléfonos de primera necesidad. Les acompañamos a dar una vuelta por el barrio y a cenar a nuestro estilo. Y llevan un buen recuerdo. ¿Alguien cree que estos deseos de conocer Sevilla y Triana se pueden parar, por muchas reglas que queramos poner?

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