Análisis

Setefilla Madrigal

"Ni nos domaron..."

De sangre alpujarreña, pues su madre era una emigrante de las sierra de Almería de donde ella también procedía y de alma minera, como la de su padre, tiznada siempre de verde. El verde de los derechos de un colectivo que siempre fue guerrero, que luchó por la reducción de jornada y que encabezó múltiples revueltas. Con apenas 12 años, Josefina Samper se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas y dos años después, formó filas ya en el Partido Comunista apadrinada por Roberto Carrillo, hermano del más conocido Santiago.

Sus actividades en el partido pronto estuvieron relacionadas con la recepción de exiliados, a los que ayudó en distintas circunstancias. En una de éstas se cruzó con Marcelino Camacho, con el que se casaría años después el 22 de diciembre de 1948 y con el que tendría dos hijos: Yenia y Marcel.

En 1965 el Movimiento Democrático de Mujeres al que pertenecía -una escisión femenina del PCE- luchó por los derechos de los presos políticos. Ese año, conocido como el más revolucionario de toda nuestra historia reciente, estuvo marcado por grandes transformaciones sociales: manifestaciones en contra de la Guerra de Vietnam, la irrupción de las nuevas culturas juveniles como el movimiento hippie, la lucha contra las desigualdades, el cambio incipiente en los medios de comunicación o el auge del movimiento feminista.

Dos años más tarde, su lucha se volvió más encarnizada, más personal. Es entonces cuando encarcelan a Camacho, su compañero de vida, por sus actividades sindicales. Él era el líder de uno de los sindicatos de mayor trascendencia política, una de las agrupaciones verticales que incluía su actividad entre la férrea estructura del régimen, defendiendo los derechos de los trabajadores de los diferentes gremios. Desde fuera, Josefina, continuó la lucha que desembocó en una amnistía contra el denominado Proceso 1001, por el que se juzgó a toda la cúpula sindical de Comisiones Obreras. Una década después su actividad extramuros acabó en indulto y el líder soriano abandonó el presidio de Carabanchel.

En 2016 Samper recibe la Medalla de Andalucía como premio a toda una vida dedicada a mejorar el mundo. Les hablo hoy de ella y también de los sindicatos porque a pesar de que ya no estén, siguen estando. Porque a pesar de acallarlos, sus hechos gritan. En sus historias, en nuestra historia o en cualquier sitio web al que uno llegue casi por casualidad porque un político cualquiera conmemore el centenario de un nacimiento.

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