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Análisis

Jesús Alba

¿Qué hicieron con el fútbol?

Hoy no gana quien mejor la mueve en el campo, sino el que se sale del pellejo en las notarías

SE gestó en los muros centenarios de las universidades británicas, pero se amamantó en los suburbios de Brasil, Argentina o Uruguay. Ambas raíces aún conservan su pureza, cada una a su estilo, pero no merecen que el fútbol de hoy esté en manos de mangantes, vividores, especuladores, ineptos con padrino y verdaderos artistas de la trata con seres humanos, actividad delictiva en otros segmentos sociales y que en el fútbol tiene carta blanca con el eufemismo y absoluta falta de escrúpulos de llamarlo “búsqueda del talento”.

Me asaltaron todos estos fantasmas durante la presentación de la genial obra de Rafa Jiménez, Cien años de fútbol andaluz, en la que se hablaba del fútbol con una pureza que, de verdad, no encuentro en el fútbol de los invitados Vips, de los patrocinadores multimillonarios, en el fútbol que se juega en las notarías, en los despachos de los directores deportivos cuando no hay micrófonos y en el de los delincuentes que, haciéndose llamar agentes, engañan a chavales a los que sacan de sus poblados en África para dejarlos a su suerte mendigando por las academias de Francia en busca de una prueba.

El negocio ha podido con el duende del balón. El dólar y el euro entran con los dos pies por delante al partido que se acababa, no cuando pitara el árbitro, sino cuando ya no era posible ver el balón por falta de luz solar o porque no había ya suficientes jugadores, reclamados como eran por madres desafiantes.

Urdidores accionariales, intermediarios de transacciones, comisionistas... En este fútbol de hoy no gana quien mejor la mueve en el campo, sino el que se sale del pellejo en las notarías.

Los autores del código Cambridge o aquellos mocosos descalzos de Buenos Aires, de las favelas de Río o de los suburbios de Montevideo son aquel Jesús que irrumpió como una fiera en el templo: ¿En qué habéis convertido la casa de mi padre?

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