Análisis

Gumersindo ruiz

La harina y el dinero

El lunes 15 de septiembre de 2008 Lehman Brothers, un banco de inversión norteamericano, se declaraba en bancarrota, y servía como catalizador de la Gran Crisis, que venía gestándose desde mucho antes. Tanto es así, que repasando el libro que, con la colaboración de Belén de la Torre y Vanesa Moral, publiqué a finales de ese año -Un mundo en crisis: auge y caída de la liquidez y el crédito-, me sorprende la facilidad con que recogimos todos los aspectos financieros relevantes, incluyendo una cronología de cómo Lehman Brothers provocó un efecto dominó sobre el crédito y la liquidez mundial. En la bibliografía hay trabajos que hablaban desde hacía tiempo de burbujas inmobiliarias y financieras, por lo que la quiebra no debería haber resultado sorprendente, aunque nadie era entonces consciente de la repercusión que podía llegar a alcanzar.

Los efectos fueron muy diferentes, según los países y la reacción de los bancos centrales. En España fuimos de los más afectados, por una inmensa burbuja inmobiliaria en que oferta y demanda crecían a medida que aumentaba el precio, en un país donde la propiedad de la vivienda es una obsesión; y tuvo efectos cruzados en la banca, las familias, las empresas, y luego la deuda pública. Las causas sí eran comunes para todos: tipos de interés bajísimos y una enorme liquidez que favorecería inversiones especulativas de todo tipo. La respuesta de la Reserva Federal norteamericana fue inmediata y tremenda, comprando deuda pública y privada, y aún hoy puede tener en su balance más de un millón de millones de dólares de las famosas mortgages backed securities, bonos de deuda emitido contra hipotecas de vivienda. El BCE intervino tarde pero bien, y aunque evitó el problema de liquidez desde el primer momento, hasta 2012 no dio solucionó a España y otros países con la deuda. En la actualidad los principales bancos centrales tienen comprado el 32% de toda la deuda pública viva, y es sin duda la intervención pública más grande de la historia, en época de paz, en las llamadas economías de mercado.

La Gran Crisis no provocó movimientos sociales de protesta, "la desesperación fue silenciosa y solitaria"-he leído en algún sitio-, ni cambios políticos relevantes. Al contrario, cuando llega la recuperación, viene con una nueva normalidad de salarios bajos y condiciones laborales precarias, desigualdad, una gran frustración, y la aparición de populismos de todo tipo. La trilogía Lehman es la obra de teatro que Stefano Massini avanzó en 2013 en París, y que ahora Sam Mendes dirige en Londres. Empieza el 15 de septiembre de 2008, pero la Gran Crisis ocupa un pequeño espacio de la misma, y el resto es sobre los personajes del banco, donde se entrelaza lo bueno y lo malo de la naturaleza humana, y cómo una ética de trabajo y voluntad puede convertirse en avaricia y desdén hacia los demás. Cuando se le pregunta sobre los ingredientes sobre los que construye su negocio, uno de los personajes dice: "Nuestra harina es el dinero". Parece mentira, pero diez años después, pese a todo lo que ha pasado, seguimos ignorando para nuestro pesar la importancia y el peligro que los mercados financieros y monetarios tienen para el pan nuestro de cada día.

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