La ventana
Luis Carlos Peris
El tiempo lo multiplicará
Hay una regla no escrita en el periodismo para no informar de los suicidios. Sin embargo, como todas las reglas, siempre hay excepciones. Es el caso de la trágica muerte de Sandra Peña Villar, donde el suicidio de la menor escondía una situación grave de acoso escolar.
Creo firmemente que, en supuestos como éste, los medios de comunicación tienen la obligación de informar con rigor y objetividad y, como siempre, huyendo de todos aquellos detalles que, lejos de contribuir a luchar contra el fenómeno del acoso escolar y a tratar de buscar soluciones a este grave problema que afecta a muchos adolescentes, puedan ayudar a alimentar el morbo. Es una de las vías que promueve el nuevo periodismo de soluciones a través de otros enfoques. Y creo que debe informarse del caso de Sandra Peña por varios motivos. Para empezar, porque es la propia familia de Sandra, con sus padres y su hermano a la cabeza, los que quieren que se informe sobre este caso para que se haga Justicia y se investigue si hay, además de la conducta de las menores, algún tipo de responsabilidad por parte del centro educativo, al no haber adoptado ningún tipo de medidas para frenar la situación de acoso que Sandra llevaba viviendo desde hace meses. En segundo lugar, porque la muerte de Sandra revela las deficiencias del protocolo antiacoso, que data del año 2011 y que, por el tiempo transcurrido y la evolución de aspectos como la irrupción de las nuevas tecnologías y la extensión del uso de las redes sociales, precisa de una conveniente actualización. Y en tercer lugar, porque la Fiscalía investigará el caso.
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