Análisis

rogelio rodríguez

Hay ministros que también están preocupados

El hipotecado Ejecutivo engullirá erizos con tal de lograr los réditos que concede el uso del poder

Un veterano fontanero socialista me entreabre un grifo al otro lado del hilo telefónico:

-Es lógico que haya ministros desorientados o preocupados.

-¿Borrell? -le pregunto.

-A Borrell, como a otros, le toca ahora tragar -responde.

-Es llamativo que el solícito titular de Exteriores se pronuncie tarde y mal sobre las injurias de Torra contra España en Washington -añado.

-Bueno, ya ha dicho a los embajadores que respondan a los indepes como ha hecho Morenés.

-Todo un atrevimiento, visto el mutismo del presidente -afirmo.

-Ya, pero el asunto catalán lo lleva directamente Pedro Sánchez, y donde manda patrón…

-El patrón -continúo- sí parece haberle dado facultades a Pablo Iglesias, al que muchos ya califican de vicepresidente en la sombra.

-¿Preguntas o afirmas? - replica.

-Es lo que he oído, aunque supongo que el presidente habrá dado a los ministros todo tipo de explicaciones sobre su estrategia.

Mi interlocutor carraspea, zanja esta parte de la conversación con medida carcajada y opta por abundar en consideraciones sobre la trepidante crisis del PP que, de gobernar y encabezar las encuestas, a pesar de sus muchos pesares, "ha pasado al desván en tiempo récord". Eso dicen los sondeos tras la tocata y fuga de Mariano Rajoy, y las expectativas electorales con Soraya Sáenz de Santamaría o con Pablo Casado no concitan de momento optimismo, pero más que en el desván, destino que sólo depende de las urnas, el PP está ahora en régimen preoperatorio para la cirugía que, a partir del próximo día 21, deberá aplicar quien resulte ganador en su más decisivo cónclave. En otras circunstancias, el proceso de elección del nuevo líder conservador habría encabezado a diario telediarios y portadas y, sin embargo, redacciones y ciudadanía no dan abasto para discernir la mensajería neurótica que expanden el Gobierno y sus voraces socios de censura.

El desvergonzado chalaneo para la designación del presidente de RTVE; el reparto de cargos en un ejercicio impúdico de amiguismo, entre otros el de José Félix Tezanos, sociólogo de Sánchez en la Ejecutiva socialista, al frente del CIS; el sofocante espectáculo publicitario del recibimiento del Aquarius; el apremio por esparcir el farragoso y lúgubre pantano de la memoria histórica, y el raudo traslado a Cataluña de los presos secesionistas -pronto se servirán los de ETA al PNV-, justificados a bote pronto con la recurrente doctrina de la Constitución y de la ONU, configuran la acción de un Ejecutivo hipotecado, que engullirá erizos con tal de ganar tiempo para obtener los réditos que concede la ocupación y uso del poder.

El Gobierno ha garantizado al grosero presidente de la Generalitat, Quim Torra, que el lunes será recibido en La Moncloa "sin cortapisas, abiertos a un diálogo franco y democrático dentro de la legalidad". Y la legalidad no concede ni un segundo a la autodeterminación. A la salida, Pedro Sánchez está obligado a comparecer y a responder.

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