Análisis

gumersindo ruiz

El mundo es ancho y ajeno

La emigración hay que verla con el corazón abierto y la cabeza fría. Necesitamos una información más profunda de la que se obtiene de manera anecdótica y dramática. Leo el trabajo de Marie McAuliffe y Adrian Kitimbo, de la Organización Internacional para la Migración, y me doy cuenta de la complejidad estadística del tema. En 2015, 16 millones de personas se movieron fuera de África, y 17 millones en 2017; pero internamente el movimiento es más fuerte aún, pasando de 16 a 19 millones en esos dos años. En las migraciones dentro de África tenemos una clave importante para ver qué está pasando y tratar de encontrar soluciones. La Comunidad Económica de Estados de África del Oeste, y la Comunidad Africana del Este favorecen la libre circulación de personas, lo que es muy positivo para ajustar ofertas y demandas de empleo, pero negativo cuando se trata de instalarse provisionalmente en un país para dar luego más fácilmente el salto fuera. Sorprende que países enormes como Nigeria tengan casi el mismo flujo de emigrantes que de inmigrantes, con millones de personas en movimiento. Y Etiopía tiene más inmigrantes que emigrantes.

Es tremendo el número de personas que quieren emigrar. De una encuesta de Gallup a unas 600.000 personas de más de 15 años, en 156 países, sale que el 14% de la población mundial (710 millones de personas) quieren irse de sus países y dos tercios de esa cifra tienen como destinos preferidos, en este orden, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Australia, Arabia Saudita, España, Italia y Suiza. La gente no quiere ir a cualquier parte; España, con un 3%, es el deseo de 20 millones de personas. Actualmente, los extranjeros residentes en España suponen el 9,8% de nuestra población, y el 7,2% de la andaluza -aunque muy concentrada en Almería (18,5%), y Málaga (14,3%)-. Hambrunas, conflictos, desastres y paro son las razones por las que sale la gente de Sudán del Sur, Siria, Haití o Albania. Hay países donde cada vez hay más gente que se quiere ir, una vez que las economías de destino se recuperan de la crisis. Esto ocurre en Sierra Leona, donde el 62% de la población se plantea emigrar, o Albania, donde el 56% lo pretende.

Leo en una entrevista a la gran escritora nigeriana Chimamanda Ngnozi -hablando de su novela Americanah- cómo le choca el optimismo e idealismo infantil de Occidente, la ceguera de nuestro propio poder, la peculiaridad de la hipocresía racial, y pienso que nuestra visión de las migraciones requiere un enfoque mucho más técnico y menos visceral. No es difícil dedicar un grupo de técnicos en la Unión Europea a trabajar con datos masivos de migraciones, por grupos de personas y países, con sus atributos, capacidades y expectativas, utilizando el tipo de software con el que se detectan señales de tráfico humano, y proporcionando políticas y programas para nosotros y para los países con los que hay un problema migratorio. Porque -y vuelvo de nuevo a Chimamanda- no puede ser bueno que haya tanta gente, por todas partes, deseando escapar, con el "letargo opresivo de no tener elección, y eternamente convencidos de que la vida está en otra parte".

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