La ventana
Luis Carlos Peris
Midiendo lo que él creó
Pasó el primer fin de semana de septiembre y aunque la apoteosis que nos regaló el deporte pudo con todo, la nostalgia afloró recordando un suceso taurino, la Goyesca de Ronda. Todo era puro encanto en aquella peregrinación anual al reencuentro con el toreo. Era como una puesta en escena minuciosa en la que no faltaba un solo detalle para retrotraerse a un tiempo pasado siempre al conjuro del mayestático Antonio Ordóñez. Los salones del Reina Victoria eran el punto de encuentro para una tertulia que versaba sólo sobre la tauromaquia de aquel rondeño irrepetible. Aficionados de todas partes al señuelo del toreo en su más pura versión. Tertulias junto al busto de Rilke, era día de Goyesca y eso había que agradecérselo a un nieto del torero por excelencia, pero la cosa ha sufrido un parón y aflora la nostalgia. Y a rebufo de Morante, hubo un acto que sirvió para renovar la promesa de que para el año próximo volverá a haber Goyesca ya rehabilitada esa catedral del toreo que es la de los toreros machos.
También te puede interesar
La ventana
Luis Carlos Peris
Midiendo lo que él creó
Dios, a la intemperie
Eduardo del Rey Tirado
El primer nazareno
Enérgica decisión
El parqué
Europa cierra en negativo