Análisis

Pilar cernuda

Una noticia buena y otra mala

Primero le llegó a Rajoy la noticia buena, que la fiscalía del land donde se encuentra Puigdemont había solicitado al juez la extradición del ex presidente catalán por presuntos delitos de rebelión y malversación. Después le llegó la mala, que el caso Cifuentes se enreda como no había previsto nadie del PP y probablemente la propia Cifuentes, la presidenta madrileña, va a tener difícil su defensa en la comparecencia parlamentaria que realizará hoy.

La Universidad Rey Juan Carlos ha encargado una investigación tras darle inicialmente su apoyo, no aparecen alumnos que declaren que compartieron clases y exámenes con la presidenta a pesar de que se trataba de un máster presencial, y los detractores aseguran que no cuadran las fechas de entrega del trabajo fin de máster y que su pago se hizo efectivo varias semanas después de iniciado el curso.

Cifuentes ha demostrado sobradamente su lucha implacable contra la corrupción y ha tomado medidas expeditivas en ese sentido, a pesar de que podían tener consecuencias desagradables para ella; de hecho, en su entorno la creen víctima de fuego amigo.

La decisión de la Fiscalía de Schleswig-Holstein ha dejado en segundo plano la aprobación por parte del Parlamento catalán de la delegación de voto de Puigdemont, a pesar del informe en contra de los servicios jurídicos de la Cámara catalana. Una prueba más de la sedición permanente en la que se mueven los partidos independentistas, que se saltan sistemáticamente la ley, pero además demuestran con esa aprobación que nada les importa excepto el espíritu de la estelada que se ha creado en torno a un ex presidente que, hay que reconocerlo, ha provocado un fanatismo jamás visto en España con anterioridad.

Los que han aprobado esa iniciativa se exponen a la inhabilitación, pero todo indica que nada les importa excepto el antiespañolismo. Nada.

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