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La novena de la Virgen de los Reyes es uno de los pilares imprescindibles de la devoción mariana de Sevilla. Hay que tener mucha fe para participar nueve tardes de la primera quincena del agosto duro sevillano en esos cultos en la Catedral. Al llegar, el sol aún está apretando con fuerza. Al salir, la noche ya extendió sus primeras sombras. Este año, el besamanos ha tocado en un fin de semana de éxodo. La novena arrancó el pasado lunes, a 40 grados. Pero todo el calor es poco comparado con el de sus fieles. No por casualidad, la asociación que le da culto a la Patrona no se denomina hermandad, ni cofradía, sino Asociación de Fieles. La fidelidad del compromiso.

La novena de la Virgen se caracteriza por unos cultos solemnes, pero participativos. Suena el órgano cada tarde en la Catedral, para acompañar los cánticos de los fieles, con el telón de fondo del zumbido de los ventiladores. La eucaristía es concelebrada, presidida por el arzobispo, monseñor Asenjo. Sabe don Juan José que en su agenda debe reservar 10 días en agosto para la novena y las solemnidades del día 15, con la procesión y la misa pontifical. Si no lo cumpliera así, los guardianes de las tradiciones (que hoy están veraneando en las playas) se le echarían encima. Pero el arzobispo no preside todos los días la novena por el qué dirán, sino porque profesa una sólida devoción mariana y conoce lo que significa la Virgen en Sevilla.

Este año predica Borja Medina, rector de la basílica del Gran Poder. En una de sus homilías dijo que el rostro de Dios está presente en la Virgen de los Reyes. Es verdad. El rostro de la Virgen de los Reyes es diferente: ajeno (por anterior) al canon de la belleza barroca sevillana, no guarda relación con el mito que desemboca en la Virgen Niña. En Sevilla, la Mater Dolorosa puede ser la Doncella de Nazaret. Pero la Virgen de los Reyes no tiene edad, se eleva por encima de los tiempos, esboza ese rostro de Dios que heredará el Gran Poder de su Padre… Y de su Madre.

La Virgen de los Reyes es una devoción de todos, pero especialmente de las mujeres. Transmitida de abuelas a madres, hijas y nietas. Cada tarde, mujeres mayores, maduras y jóvenes acuden en mayoría a esta novena, que llena de vida la Catedral en el duro agosto. Sin duda, sigue siendo uno de los testimonios de fe más hermosos y auténticos de Sevilla. Sólo por la novena ya estaría justificado el título de Mariana, con el que Ella honra a su ciudad.

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