Análisis

Fernando Mendoza

Arquitecto

Un nuevo horizonte para el Real Alcázar de Sevilla

El autor, Premio Nacional de Restauración, celebra la adquisición de las casas 7-8 del Patio de Banderas y ahonda en la necesidad de que el conjunto se siga extendiendo hacia este espacio

Panorámica del Patio de Banderas.

Panorámica del Patio de Banderas. / Juan Carlos Muñoz

LA adquisición de las casas 7 y 8 del Patio de Banderas por el Ayuntamiento de Sevilla para cederlas al Alcázar, es un hito histórico digno de destacar. Muchas voces han puesto de manifiesto que la cesión del Alcázar al pueblo de Sevilla efectuada por la República fue incompleta. Se cedió la parte monumental, los palacios gótico y mudéjar con sus jardines, un conjunto costoso de mantener dado el bajo nivel del turismo en los años 30, y se retuvieron por el Estado las casas del Patio de Banderas, que proporcionaban rentas de alquiler. Desde entonces, las 18 casas existentes fueron administradas por Patrimonio del Estado que alquiló y vendió, sin dar explicaciones ni consultar con el Alcázar.

En un principio las casas 7 y 8 se iban a destinar a una Delegación de Hacienda, a pesar de sus condiciones inadecuadas. La aparición de los restos del palacio de Al Mutamid lo hizo imposible y, afortunadamente, el Ministerio de Hacienda se ha visto forzado a venderlas al Ayuntamiento de Sevilla. Pero esto debe ser solo el comienzo.

La reivindicación histórica de todos los alcaldes sevillanos de obtener las casas intramuros debe continuar mediante un programa de adquisición o permuta de la totalidad proporcionando a las instituciones del Patio sedes alternativas. Sabemos que el palacio de Al Mutamid, del siglo XI, está en el lado Oeste, en los inmuebles del 1 al 6. Los inmuebles del Sur de la plaza, 11 A, B y C han sido objeto de una venta irregular que está en los tribunales. Quedaría el lado Norte, dos casas de dos plantas con muy poco fondo, adosadas a la muralla y toda la banda de levante que alberga dos instituciones, el Foro de la Biodiversidad y la Fundación Barenboim.

El Patio de Banderas, llamado así, según Fernán Caballero, por unas banderas que estaban pintadas sobre el arco de acceso desde la plaza del Triunfo, fue una antesala del Alcázar, una plaza de armas que se usaba como picadero y acogida de actividades militares. Tenía también por objeto proteger la entrada al palacio, el apeadero donde se detenían los carruajes para descargar a cubierto a los pasajeros, mandado construir por Felipe III y que llevó a cabo el arquitecto milanés Vermondo Resta.

Es una plaza cuadrangular muy armónica desde el punto de vista arquitectónico, aunque no todos los inmuebles son de la misma época ni tienen la misma altura, dos o tres plantas. Las casas de sus lados Norte y Este están adosadas a la muralla exterior del Alcázar. Las correspondientes al lado Oeste corresponden al palacio de Al Mutamid que fue troceado cuando se construyeron las casas.

La plaza no es un fondo de saco, sino que tiene en su lado Sureste un pasaje que permite la salida al barrio de Santa Cruz y que es donde se localizaba el cuerpo de guardia, hoy también lamentablemente privatizado.

La recuperación de la totalidad del recinto amurallado permitiría restaurar los pasos de ronda y crear circuitos para recorrer el perímetro. Se obtendrían así unas vistas del Alcázar de gran interés.

Si partimos del hecho comprobado de que el Alcázar es todo lo que se encuentra dentro del recinto amurallado, el Patio de Banderas y sus casas son también parte de los antiguos palacios. Y más aún, si consideramos que la puerta original del Alcázar se encuentra cegada en la calle Joaquín Romero Murube en el ángulo Noreste de la plaza.

Si se incorporan al Alcázar todas las casas del Patio de Banderas, se restaura en su totalidad el palacio de Al Mutamid y se abre y musealiza la cripta, ya excavada, del centro de la plaza, comienza un gran futuro para el Alcázar, una nueva dimensión, tanto desde el punto de vista cultural como ciudadano y turístico. Una dimensión que podría suplir a la carencia inexplicable de un Museo de la Ciudad de Sevilla.

El Alcázar tiene actualmente algunas ausencias: una entrada digna, con guardarropa e introducción visual al conjunto; un centro de recursos históricos, digitales y documentales de la historia, arqueología y memoria del Alcázar; la instalación museística de carácter permanente en el sótano del palacio gótico; unas salas de exposiciones temporales con accesibilidad universal; un centro de restauración del gran patrimonio mueble; la ampliación y mejora del restaurante. El incremento de espacio que podría suponer la incorporación de la totalidad del Patio de Banderas podría resolver muchas de estas cuestiones.

El Alcázar genera suficientes recursos económicos, en condiciones normales y si no se le quitan sus fondos, para financiar sus mejoras. La adquisición de las casas podría ser mediante compra o permuta por el extenso patrimonio municipal del suelo. El nombramiento de un nuevo alcaide permite tener esperanzas de que, en un futuro no muy lejano, los Reales Alcázares de Sevilla adquieran la dimensión que merecen como uno de los monumentos españoles más destacados, Patrimonio Mundial y Palacio Real más antiguo de Europa.

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