Análisis

Jesús Alba

Sin premio no eres nadie

HACE unos años estaban el Pichichi y el Zamora. A nivel más internacional, el Balón de Oro y la Bota de Oro. Hoy, en plena cultura de destacar más que el de al lado, apuntamos a nuestros hijos a clases de piano, de refuerzo de inglés, si puede a ser un tercer idioma y en el plano deportivo, aparte de la escuela de fútbol, a clases de pádel o de golf. Y todo, no para que disfruten, sino para que, sencillamente, marquen la diferencia.

Porque hoy si no destacas no eres nadie. Y si no recibes un premio no existes. Y en el fútbol pasa lo mismo: el entrenador del mes, el once de la jornada, el MVP del partido, el que más kilómetros corrió, el mejor gol de la jornada, los nuevos premios de la gala de LaLiga con todas sus vertientes tanto en Primera como en Segunda División, el Fútbol Draft a la mejor promesa en cada puesto, el once de la UEFA, el once de la Liga, los premios anuales del diario Marca, los del As, el once de la comunidad de vecinos y el mejor entrenador según la votación del barrio o el ganador de las encuestas del bloguero con más visitas.

En algún momento olvidamos que el fútbol, como en todos los deportes colectivos, no se entiende sin la palabra equipo y entre la irrupción de las estadísticas y la enfermiza tendencia del periodismo de olvidar lo grupal para ensalzar a las figuras nos lleva jornada a jornada a imitar cada vez más a las crónicas de la NBA, que, como es norma, ayer abrían con la nueva marca de LeBron James como décimo encestador de la historia superando a Olajuwon. El resultado de su equipo no subía del sexto o séptimo párrafo.

En el fútbol no hemos llegado a eso, pero estamos cerca. Porque cuando escuchamos al único futbolista español que puede decir que ganó con su gol un Mundial hablando siempre de sus compañeros antes que de sí mismo decimos que es un futbolista excepcional, pero que es muy soso.

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