El parqué
Jornada de correcciones
Reaparece el Betis ante su gente tras aquella noche negra de Copa con el Atleti. Lo hace habiéndose hecho perdonar mediante dos victorias de viajero, con lo que el ambiente de esta tarde en la Cartuja se presume de fiesta y contento. Pero, verdes las siegan y no está la cosa para expansiones festivas, que la autosuficiencia es arma de destrucción masiva y el Betis sabe por experiencia cómo se las gasta la euforia desmedida.
Llega con la intención de aguarle la fiesta al bético el buen Rayo Vallecano de ese joven y excelente entrenador que es el navarro Íñigo Pérez. Pero la buena andadura del equipo vallecano, superviviente en Conference, se está viendo obstaculizada por el ambiente que rodea a su dirigencia y en lo más reciente sobresale en la memoria el rapapolvo que le endilgó a la tropa de Simeone en el exilio de Butarque.
A un solo punto de la antesala del infierno, el equipo vallecano se presenta en Cartuja en un estado de necesidad perentoria que añade le un plus de peligrosidad aunque sea la friolera de dieciséis puntos lo que le separa de su rival de esta tarde de sábado cuaresmal.
Aguarda el Betis con la buena nueva de que el Cucho ya está en condiciones de ser utilizado. Coincide su retorno con la reivindicación que Bakambu halló en esa especie de estadio talismán que para él es Son Moix. Ha salido el sol y vuelve un Betis muy al alza a esa cita gozosa con su gente, pero cuidado con hinchar el pecho, es muy peligroso.
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