El parqué
Jornada de correcciones
Reconfortante es la práctica tan en desuso que te reconcilia con el género humano. Consecuencia directa de la caminata anticolesterol diaria nos damos de frente con una costumbre perdida, la de saludar a gente con la que jamás hemos intercambiado palabra. En una sociedad donde tienes que coincidir a solas en el ascensor para saludar al vecino del quinto, esto de la tempranera caminata profiláctica hace que se recobren costumbres que ya sólo se da en los pueblos poco poblados, vaciados según lenguaje al uso. No en esas ciudades dormitorio con más rotondas que Brasilia, sino en los pueblos donde todos conocen a todos y nadie le niega los buenos días a nadie. Bueno, pues aquí a fuer de encontrarte a esa señora que va a misa por San Luis o al que saca al perro a pasear junto al río o cuando el tabernero del ya desaparecido El Punto andaba poniendo en luz la acera a la espera de clientes. No los conocías, pero surgía la costumbre perdida del buenos días y con inclinación de cabeza a ser posible. Buena cosa.
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