Manuel García Fernández
El declive de San Lázaro
Llegó, ya no hay vuelta atrás y quizás se convierta este lunes en el lunes más marrón del año. Amanece la más cruda realidad, esa que nos persigue desde la más tierna infancia, cuando las vacaciones arriaban el telón y debíamos afrontar la complicada prueba de corregir los pecados de junio. Léase por pecados, los cates cosechados y que en septiembre teníamos la posibilidad de arreglar ese problema, o los problemas, que de todo hubo. Eso cuando entonces y ahora el problema radica en encarar todo el prosaicismo que conlleva la vida. Septiembre es un dolor para el niño que deja la bicicleta y la playa para darse de cara con el madrugón y las exigencias escolares. Para el adulto, afrontar la dureza de la vida con unas responsabilidades que van de la exigencia del trabajo a pagar los excesos de una tarjeta usada con demasiada alegría. Lunes de un marrón oscuro como kilómetro Cero de esa normalidad a la que nos desacostumbramos a la orilla del mar o del dolce far niente. Septiembre con todos sus avíos, a ver cómo se lidia.
También te puede interesar
Lo último