PRIMERO me lo desveló una profesora de Derecho. Después se desahogó conmigo un profesor de Biología. Y me lo clavó, desde su quejosa experiencia, una profesora de Comunicación. "El martes, de 125 alumnos, sólo se presentaron en clase 5". La semana que hoy termina, con cinco días lectivos desde el lunes 25, es la radiografía de la vida universitaria que sienta cátedra de insensatez y corrupción moral acorde con su sociedad, encantada de engañarse a sí misma. En las universidades sevillanas, ha sido muy bajo el porcentaje de clases que se han desarrollado con normalidad, porque en muchos cursos son mayoría los alumnos que no querían clases: "Total, si sólo hay una semana entre Semana Santa y Feria, no merece la pena...". No hablo de los grupos que ya tienen planificados en estas fechas sus viajes de paso del ecuador o fin de carrera, pues los profesores lo saben con antelación y reprograman la impartición de materias. Hablo de un estado de ánimo y una inercia que propende a tomarse la semana de descanso... por la cara.

A tal barbaridad, muchos profesores se han sumado como cómplices, haciéndole el juego a los alumnos absentistas, y no han dado clases. Se han limitado a firmar el parte, para disimular, y viva la relajación. Los alumnos que sí han acudido a las aulas, donde se quedaban en minoría, han sufrido la merma de no recibir las clases a las que tenían derecho. Conclusión: el liderazgo es de quien desmoviliza.

El desembolso del contribuyente en sostener este tinglado de presunta excelencia, que abochorna a los verdaderos excelentes, no puede malversarse convirtiendo la universidad en pitorreo y pasatiempo. Es vergonzoso que los rectores, decanos y directores de departamento no atajen el escaqueo. Tienen que rendir cuentas a la sociedad de lo que sucede, y no sucede, en los campus.

Con un 50% de jóvenes en paro, y 70% de fracaso en los institutos, decreten el estado educativo de alarma. Y recuperen la adecuada escala de valores para marcar la pauta con los alumnos más comprometidos con su obligación. Aunque ahora sólo sean cinco. Serán más cuando suba la exigencia. Tal como vamos, lograremos que ni esos cinco se esfuercen.

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