Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Accidentes mortales

DOS motoristas murieron el pasado jueves en sendos accidentes de tráfico ocurridos en Sevilla. Uno en el Paseo de Colón (que está entre los principales puntos negros de los siniestros en la ciudad) y otro en el cruce de la avenida de la Cruz del Campo con Luis Montoto (donde murieron dos ocupantes de otra moto en agosto de 2015). Puede ser una coincidencia trágica en un mismo día. Y, por supuesto, no voy a prejuzgar las responsabilidades en esos accidentes. Pero es una oportunidad para recordar que en Sevilla hay motoristas (ni todos, ni pocos) que cometen barbaridades de tráfico y que eso pasa desapercibido hasta que ocurre algo lamentable.

En Sevilla se habla y se escribe mucho del carril bici, donde también hay topetazos, aunque generalmente de menores daños. Por el contrario, apenas se critican los abusos en que están inmersas las motos, que aquí circulan en mayor número que en otras ciudades. Unos abusos que sufren y protagonizan los motoristas. Los sufren porque hay automóviles, y hasta autobuses, que no los respetan: no guardan las distancias de seguridad y se les echan encima, con el consiguiente peligro. Pero también los protagonizan, porque algunas motos circulan como si fueran vehículos de emergencia pero sin sirenas. Esto es, sin respetar nada: ni las señales, ni los semáforos, ni los carriles, ni las direcciones. Como si fueran Marc Márquez y Valentino Rossi en un circuito. Esto se atribuía antes a los repartidores de pizza (algunos tienen alma de bombero y llevan las cenas como si fueran a apagar fuegos), pero se ha extendido a otros conductores.

Ciertamente, también hay automóviles que circulan como si fueran motos locas, en zigzags caprichosos y ajenos a los demás. La diferencia es la vulnerabilidad del motorista. A pesar del casco, se pueden llevar un mal golpe, y carecen de protección en caso de caídas. Los dos fallecidos, al parecer, sufrieron golpes en la cabeza.

Ante las circunstancias que tenemos, se debería prestar más atención a este asunto, que puede originar siniestros mortales. Igual que en otros tiempos, no tan lejanos, se obligó a usar el casco a base de vigilancia y multas, el Ayuntamiento de Juan Espadas, por medio de la Policía Local, debería controlar más los abusos en el tráfico sevillano. Es su responsabilidad. Y la prevención es lo que mejor funciona. Pues todo hay que decirlo: accidentes como esos no ocurren por casualidad.

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