el periscopio

José / Ignacio Rufino /

'Addio', Silvio

CADA país tiene sus licencias públicas, y mientras que por ejemplo en España se tolera a los personajes de la política la infidelidad o las dobles familias, en Estados Unidos tales conductas y situaciones morales se consideran un indicio de mentira y de falta de credibilidad, por lo que un político puede ver arruinada su carrera por un desliz, incluso si lo tuvo antes de emprender la carrera política. Eso sí, los americanos del norte hacen una clara diferencia entre un coito y una felación extramarital: lo primero es mucho peor, aunque el vestidito con lamparones probatorios de Monica Lewinski también pueda forzar a un presidente (Clinton) a mostrar su arrepentiemiento público, interpretando un papelón falso cual Judas de plástico. El mundo árabe es sumamente restrictivo en estas cuestiones, y por ello precisamente ciertas prácticas sexuales alternativas (cómo decirlo...) son comunes: lo que no tiene enmienda, no tiene enmienda. En cuanto a la frontera entre lo aceptable o no, Italia es quizá el país más cómico a nuestros ojos.

En Italia, llevarse al colmillo a todo lo que se mueve -particularmente si eres varón- es un timbre de gloria. Ser un killer no sólo se tolera, sino que se aplaude. Si eres primer ministro, también. Si además organizas fiestas con prostitutas de lujo para tus amigos sesentones, tu poderío causa admiración y no merma un ápice tu credibilidad. Eso sí, la ley es la ley y si, en la ceguera que produce el ansia de carne fresca, se te cuela una chica de diecisiete en el plantel, lo llevas mal... ante la Justicia, porque la gente -juntando la yema los dedos mientras agita la mano- convendrá: "Pero qué diecisiete ni diecisiete".

Una amiga italiana, milanesa y votante de Berlusconi -que es de quien hablamos, claro- dice cuando se le inquiere sobre el particular: "¡Ma è solare!", o sea, que es muy gracioso y divertido, más o menos como una madre amantísima diría que los pañales sucios de su bebé son muy lindos (no hace falta decir que media Italia considera a Berlusconi lo mismo que buena parte de la opinión internacional: un payaso vergonzante).

Todo tiene un límite, y Papi Silvio está en caída libre dentro y fuera de su país, prácticamente intervenido. Esta semana hemos conocido una noticia insólita: su ministro de Economía, Giulio Tremonti, le ha pedido que se vaya, o en la semana entrante habrá un cataclismo en los mercados. Su prima de riesgo ha superado los niveles considerados de rescate. "El problema para Europa y para el mercado eres tú", le ha soltado Tremonti. Lejos quedan las gozosas velinas y los cuernecitos que ponía a otros presidentes en las fotos de familia en las cumbres. Te ha llegado la hora, Silvio, addio.

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