Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Adelita

UN viaje al centro de la miseria, para rebuscar entre la porquería podrida: el delirio virtual para muchos productores de televisión. Adela Úcar se marchó 21 días a un vertedero real, con peste, infecciones, gases tóxicos, bichos y toda la insalubridad que uno se puede imaginar a través de las imágenes. La nueva reportera del programa, sin trampa ni cartón, se marchó a la chabola de una anfitriona con 16 hijos y toda la filosofía de la resignación en sus apaleadas carnes. A su frágil invitada, que ganaba 1 euro al día recogiendo plásticos y cristales, le picó un alacrán en un muslo. Ya sólo por eso a Adela Úcar le quedó un buen recuerdo de La Chureca, el basurero de Managua, el fin del mundo. Cómo lloraba la dulce Adela en la noche del otro viernes.

21 días ha perdido los mohínes de Samantha Villar. En esencia, el programa de Cuatro ha perdido exhibicionismo y ha ganado en sensibilidad. Más Sistiaga y menos Paqui Peña. Adelita, que ha viajado por medio planeta en otros encargos, por los confines asiáticos y australianos, es mucho más reportera (como testigo, como voz en primera persona) que su antecesora. Ella tildó La Chureca, certeramente, como "La Desolación" y su narración en condiciones tan extremas fue más templada y, en fin, más periodística, de lo que ha sido este programa en episodios anteriores. Por ejemplo se dejó de tanto "yo, yo", del que abusaba Samantha.

21 días depende de la personalidad del protagonista y ha perdido divismo en beneficio del relato mismo, de los coprotagonistas de la vivencia. 21 días depende del abuso circense que se haga de la reportera, de sus torsiones testimoniales, pero Adela Úcar parece que está por la labor de dejar la mitad de su plano a las historias.

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