La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Alcaldes y arquitectos

Ya le pueden quitar los rótulos o ponerle un clavel en el ojal, que el edificio del SAS seguirá igual de horroroso

El SAS retirará los "rótulos estridentes" de su sede de la Avenida para cumplir las disposiciones de la Gerencia de Urbanismo sobre el entorno de la Catedral. Vale. ¿Y con el "estridente" edificio qué hacemos? Porque mira que es torpe, cateto y feo el hideputa. Y además tan tristón, mamotrético y franquista-kafkiano como La oficina siniestra y La burocracia Tenebrosa del gran y olvidado Pablo San José García de La Codorniz. Si los edificios tuvieran calcetines, a este le olerían. En él se cumple lo que Vázquez Montalbán dijo del franquismo: "El franquismo era feísimo, era una cutrez... Daba la impresión de que a todo el mundo le olían los calcetines".

Así que ya le pueden quitar los "rótulos estridentes" o ponerle un clavel en el ojal que edificio del SAS seguirá tan horroroso como es y el entorno de la Catedral tan devastado como lo está. Porque el horror del edificio del SAS se repite en todos los construidos en la Avenida en los años 60 y 70, desde el espanto neosevillano de la esquina de García de Vinuesa a los pisos yeyés de la esquina de Correos pasando por el pastiche del Pasaje de los Seises y el Patio del Cabildo o la falsa modernidad de la actual sede de Fnac. Allí se quedarán. Y los ciudadanos tendremos que sufrirlos como una cadena perpetua de la que sólo nos liberará la canina.

Lo que diferencia la arquitectura de otras artes es su carácter impositivo de visión obligatoria. Nadie puede obligarnos a leer, oír o ver una novela, una música, un cuadro o una película que nos horroricen. Pero cuando de arquitectura se trata no hay libertad de elección. Ahí están los mamarrachos viendo pasar, si no los siglos como la Puerta de Alcalá, los muchos años que haya que soportarlos.

El Plan General de Ordenación Urbana (1962) y el Plan de Reforma Interior del Casco Urbano (1968) condenaron a Sevilla. La responsabilidad fue de los técnicos que los redactaron, los políticos que los autorizaron y los arquitectos que los ejecutaron. Jueces unos y verdugos otros. La memoria de los alcaldes ha quedado cubierta de vergüenza como responsables de la devastación de Sevilla. Pero los técnicos y los arquitectos se fueron de rositas. Todos conocemos los nombres de los alcaldes, utilizados como chivos expiatorios. Pero nadie conoce los de los arquitectos que firmaron los derribos y erigieron los adefesios. ¡Mucha memoria histórica, pero qué poca de la destrucción de Sevilla!

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