Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Nunca fui a Alepo

SIEMPRE quise visitar la ciudad siria de Alepo. Lamentablemente las noticias que nos llegan desde allí nos cuentan que la terrible guerra civil está destruyendo el país, asesinando o expulsando a su población y destrozando su legado histórico y cultural. Cadáveres en los arroyos. Miles de refugiados en Jordania, Turquía, Líbano e Iraq. Pobreza y desarraigo. Y los testimonios de las culturas que nos precedieron, griegos, romanos, bizantinos, musulmanes, cruzados, que durante siglos construyeron sus edificios y ciudades, están destruidos o dañados irreparablemente en pocos meses. Las guerras buscan destruir a los mas débiles y arrasar su pasado, como antes ocurrió en Iraq, Afganistán o más recientemente en Libia y ahora mismo también en Tombuctú, en Malí, donde los extremistas salafistas han destruido documentos y manuscritos irremplazables en los que se recogía la historia de Al-Ándalus. Se ha comentado que equivale a la destrucción de la biblioteca de El Escorial.

Como digo, el patrimonio histórico sirio está siendo seriamente dañado, tanto por la represión del gobierno de Bashar al Assad como por los saqueos de objetos artísticos de las fuerzas rebeldes para canjearlos por armas. El Crac de los Caballeros, uno de los castillos cruzados mejor preservados del mundo, los restos de la mítica Palmira, las casas y edificios singulares de época romana de Bosra. Bombardeos, excavaciones de trincheras y refugios por todo el país, han destruido zocos, barrios de arquitectura otomana, mezquitas y hammanes, como en la machacada ciudad de Homs. Y la propia Alepo con sus excepcionales ciudadela y mezquita. Una ciudad llena de historia y de una gran riqueza cultural y artística. Además de sus importantes edificios y patrimonio, recientemente se ha descubierto un templo situado bajo la ciudadela de cinco mil años de antigüedad, considerado uno de los centros religiosos más importantes del mundo antiguo, con piezas escultóricas de los hititas. Siria, junto con otros ciento veinte países, firmó en 1954 el Convenio de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales en los conflictos armados. Alepo fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. ¿Qué efecto práctico tiene en este conflicto dichos convenio y declaración? Me temo que ninguno. Algunos burócratas y expertos se ocuparon de redactar informes, que seguramente cobraron. Algunos diplomáticos mantuvieron reuniones e intercambiaron protocolos de mutuo interés. ¿Dónde están ahora?

Los poetas, los artistas, tienen la cualidad de sintetizar en su obra nuestros sentimientos, aún antes de que nuestra mente los formalice. Así ahora me permito cantar con Rafael Alberti, cuando recordaba a Granada: "¡Qué lejos por mares, campos y montañas!. Ya otros soles miran mi cabeza cana. Nunca fui a Granada...¿Qué gente enemiga puebla sus adarves? ¿Quién los claros ecos libres de sus aires? ¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone cadenas al habla de sus surtidores?...Hay sangre caída, sangre que me llama. Nunca vi Granada...". Yo nunca fui a Alepo y ahora me arrepiento.

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