Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Alfonso Guerra para niños

La entrevista de unos escolares al socialista se convierte en lección para todos los públicos

Hay universitarios a los que Franco y la dictadura les suena, sobre todo, a historias de sus abuelos, que son incapaces de poner en pie cuándo y cómo fue la II República y que no tienen una idea clara sobre la Transición que vivieron sus padres, menos aún del Estatuto de Autonomía de Andalucía. La Historia del siglo XX es un capítulo frecuentemente maltratado y que sólo se hojea en los libros de texto por falta de tiempo para abordar todo el temario y porque, durante muchos años y todavía hoy, era un tema que planteaba conflictos y que era mejor no abordar en el ámbito educativo. Hay excepciones. Pero también algo en lo que es difícil no coincidir: que los jóvenes conozcan mejor la historia reciente del país es una asignatura pendiente que entristece, dado que muchos de sus protagonistas viven y su testimonio está disponible.

De ello pueden dar fe los alumnos de sexto de Primaria del colegio Paulo Orosio de Sevilla, que ayer aprendieron de uno de ellos: Alfonso Guerra. El socialista aceptó la invitación y fue entrevistado por dos estudiantes, una charla que además retransmitieron en las redes sociales. Una iniciativa elogiable que, sin duda, es la mejor fórmula para lograr que los menores entiendan de verdad qué fue la Transición.

La conversación, conducida con desparpajo por Alexandro Sánchez y Daniela Ediza, se centró en la falta de libertad durante la etapa franquista en una Sevilla que era mucho más gris, en palabras de Guerra; también del miedo que pasaba en la clandestinidad; de cómo vivió el 23-F en el Congreso; del primer Gobierno democrático y los muchos desafíos que tuvo que afrontar sin nada de experiencia; y hasta de la posible reforma que podría hoy hacerse a la Constitución, de la que fue uno de sus padres. Interesantes reflexiones, apuntadas en una versión para adolescentes que no fueron las únicas enseñanzas del día.

Guerra también contó cómo una pelota de trapo y, para algunos, un soldadito de plomo o un caballito de cartón eran los únicos juguetes en su época. Y cómo sus primeros maestros fueron su padre, que aprendió a leer en el campo, y su madre, que con sólo 11 años aportaba el único jornal en su casa. Buenos ejemplos de la capacidad de superación para un niño de los años 40 que, pese a todo, supo encontrar su afición por las letras y el teatro. Y hablaron también de Antonio Machado, en un apunte privilegiado para la clase de Literatura.

Los alumnos del Paulo Orosio habían introducido la entrevista explicando que viven en una zona de transformación social, Tres Barrios-Amate, y que eso afecta a sus familias. Y que por ello era importante escuchar a alguien que, viniendo de origen humilde también, llegó alto en la política. Entonces Guerra prefirió apuntar, más que un consejo, una advertencia: "En la vida hay que caminar con coherencia, no ser una veleta, escuchar y defender con orgullo tus ideas, porque triunfar no tiene que ver con el dinero, sino con tener orden y principios". Útil lección, en estos tiempos de desprestigio y fangos electorales, para todos los públicos.

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