Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

¿Alguien tiene un plan?

PODEMOS hacer un ejercicio de fe, lo que a principios de año es hasta aconsejable, y coincidir con Rajoy en que 2014 puede ver cómo llega la recuperación tras el negrísimo túnel por el que hemos transitado en el último lustro. Es un ejercicio de fe porque uno tiene la sensación de que estamos tirando cohetes no porque las cosas empiezan a ir mucho mejor, sino simplemente porque han dejado de ir mucho peor. Algo es algo, y hay que felicitarse por que la destrucción de empleo no vaya al ritmo salvaje al que nos habíamos acostumbrado, la prima de riesgo pierda su vocación escaladora o, gracias a la bajada de salarios, algunas de nuestras empresas hayan encontrado en el exterior el mercado que aquí habían dado por irremediablemente perdido. Todos son buenos datos que mejoran la percepción colectiva y como la economía es sobre todo eso, una sensación, sin duda los niveles de angustia, sobre todo para el que haya encontrado o conservado un empleo, se van a hacer más soportables.

Pero si descendemos de lo nacional a lo local nos encontramos que ese clima no se percibe aquí, por decirlo con palabras suaves, con la misma intensidad. Sevilla capital terminó el año con casi 90.000 parados registrados en sus oficinas de empleo y con destrucción neta de puestos de trabajo, a pesar del ligero descenso de diciembre. Esta semana, sin ir más lejos, los datos del padrón echaban un jarro de agua fría sobre las expectativas de futuro de Sevilla. La capital se hace cada año una ciudad menos atractiva para vivir y eso se traduce en un descenso en el número de habitantes hasta rozar ya el límite de los 700.000 que la colocarían por debajo de lo que se ha considerado como una gran ciudad. Que Sevilla pierde posiciones con respecto a otras grandes urbes españolas y andaluzas es una realidad que se evidencia desde hace ya demasiado tiempo. Parece que aquí somos incapaces de que cuaje ningún gran proyecto y así vemos como Málaga, por ejemplo, se lleva las grandes inversiones culturales a las que un día aspiramos o como la presión de Cádiz empequeñece las perspectivas de negocio de la futura zona franca, una de las pocas iniciativas que han servido a Juan Ignacio Zoido para sacar pecho en los balances del año que, muy a su pesar, se ha visto obligado a hacer. El año que ha quedado atrás no va pasar a la historia local por sus muchas realizaciones y para el que empieza no hay nada en el horizonte que permita ver un cambio de tendencia. Ése es quizás el déficit más preocupante que padece la ciudad: la falta de proyectos que permitan generar ilusión ciudadana. Es un problema del Ayuntamiento y de su alcalde, que parecen sumidos en una preocupante parálisis institucional. Pero también de la propia oposición municipal, de la Junta y del conjunto de una sociedad incapaz de despertar de su larga siesta. ¿Alguien, incluido su alcalde, tiene un plan para que Sevilla pueda aprovechar los tiempos mejores que ya se adivinan?

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